EL RINCON DE LAS VIOLETAS

Temas paranormales y metafìsicos, entretenimiento,etc



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 Asunto: Re: EL PAN DIARIO AÑO 2012
NotaPublicado: Sab Mar 17, 2012 1:14 pm 
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Lectura: Salmos 111:10

Por favor cambia tu mente a la forma de la de un niño para que puedas entender la Palabra que Dios tiene para ti hoy.

La sabiduría ha sido un tema de discusión recurrente en toda la historia de la humanidad. La búsqueda de la verdad marca nuestra existencia como seres humanos y demuestra nuestra diferencia frente a las demás cosas creadas.

Nuestro raciocinio y curiosidad, además del profundo vacío existencial que habita (o habitaba) en nuestro corazón por conocer la razón de nuestra existencia; nos lleva a preguntarnos acerca de la razón de ser de las cosas, la existencia, la esencia, el origen, el futuro y muchas otras dudas que han forjado variedad de escuelas filosóficas, culturas y religiones en todas las partes del mundo y en todas las épocas de la historia.

No encuentro una mejor definición de sabiduría que la búsqueda de la verdad. Los niños retratan muy claramente el deseo humano por adquirir nuevos conocimientos. Un niño, constantemente, pregunta a sus padres la razón de ser de las cosas que ve, se asombra con la naturaleza e indaga, constantemente, todo lo que lo rodea. El asombro y la curiosidad (entendida como la búsqueda de una respuesta a una pregunta) son parte de nuestra naturaleza humana; sin embargo, cuando crecemos el asombro se va evaporando y es reemplazado por la monotonía y la costumbre, y, por consecuencia, la curiosidad también muere, y con ella la sabiduría.

La sabiduría muere de diversas maneras: Cuando nos acostumbramos a la vida (es decir, cuando la vida se vuelve algo rutinario y monótono), cuando reemplazamos la búsqueda de la verdad por el orgullo y la falsedad, cuando preferimos la mentira a la verdad, porque es más cómoda; entre otras circunstancias que asesinan la sabiduría; me gustaría añadir otra, la religiosidad (es decir, vivir de tradiciones y no de convicciones).

Para empezar a recorrer el camino de la sabiduría debemos entender su principio. Haciendo alusión a una historia de Jesús, le pido que imagine a un hombre necio que construye su casa sobre la arena y a uno prudente que la construye sobre la roca; la arena es endeble, por tanto la casa que estaba sobre la arena se cayó; pero la roca es firme, por tanto la casa que estaba sobre la roca permaneció. Si empiezas a construir tu vida basada en el principio de la sabiduría erróneo, te va a ir muy mal; pero si la empiezas a construirla basada en el principio correcto de la sabiduría, tendrás una vida próspera y bienaventurada.

La sabiduría es el arte de saber vivir.

Ahora quisiera llamar su atención respecto a algunos elementos que la palabra de Dios nos muestra respecto a la sabiduría:

1. “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová;…”

¿Quieres encontrar la verdad? ¿Quieres vivir una vida próspera y bienaventurada? Comienza por reconocer la soberanía de Dios.

El temor de Jehová se refiere al reconocimiento de su gloria y de su soberanía; se refiere a reconocer que nosotros solo somos humanos pero que Él es Dios eterno y, por tanto, su gloria es eterna y estamos sometidos a toda palabra que sale de su boca, pues todo lo que sale de su boca es la verdad.

Todo aquél que sirve a otro dios fuera del Dios vivo está desenfocado y no tiene sabiduría en su corazón, sino que se ha apartado de la verdad. Vivimos en un mundo donde los hombres se creen dioses y piensan en su corazón que no hay Dios; paradójicamente, a esta sociedad se le ha llamado “la sociedad del conocimiento” pero en realidad cada vez la humanidad es más (si permiten la expresión) estúpida y se aleja más de la verdad, prefiriendo vivir una mentira cómoda que nos llevará a ser como Sodoma y Gomorra (si no es que ya lo somos). El orgullo de sus corazones los ha cegado, creen que pueden vivir sin Dios e ignoran la grandeza de sus obras. Viven una vida miserable e intentan construir su propia torre de babel que llegue hasta el cielo; pero se darán cuenta que solo son creación y que no hay nadie que pueda hacer frente al Dios vivo.

Permítanme decirles que entre más pronto lo reconozcamos será mejor para nosotros. Él es Dios, Él es el que manda, Su reino se expande hasta más allá de los límites del universo; su nombre es Jehová, Él es el único Dios verdadero y su gloria llena toda su creación. Si sabemos esto, somos bienaventurados y la luz de la verdad y la sabiduría alumbra en nuestro corazón; pero si preferimos ignorar la majestuosidad de Jehová no somos más que tontos creyéndose sabios. EL PRINCIPIO DE LA SABIDURÍA ES RECONOCER LA SOBERANÍA DE JEHOVÁ.

2. “Buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos;…”

Nuestros padres establecían reglas que eran incómodas para nosotros, pero que eran para nuestro beneficio; y sabíamos muy bien que si desobedecíamos esas reglas nos iba a ir muy mal. Lo mismo pasa con Dios, Él es nuestro padre y nos dejó normas que debemos seguir. Si, humildemente, nos sometemos a su Señorío y obedecemos sus reglas nos va a ir muy bien en la vida; pero si, orgullosamente, nos desviamos para vivir una vida sin reglas y sin consejo nos va a ir muy mal en la vida. He ahí la diferencia entre un sabio y un necio, no es que uno sabe más que otro, es que uno obedece el consejo y el otro no.

3. “Su loor permanece para siempre.”

La gloria de nuestro Dios es eterna, ante su presencia el cielo y la tierra tiemblan, por su palabra fueron creadas todas las cosas. ¡Cuán grande es su poder! ¡Cuán grandes son sus obras! El mar huye ante Él y las montañas saltan al verlo, los cielos se estremecen y la creación a su voz obedece. Reconocer su majestuosidad y poder es el principio de la sabiduría.

Quisiera, por último, hacerles entender que Dios es nuestro Papá, y Él nos ordena hacernos como niños. Hacernos como niños significa volver nuestros corazones a la obediencia, la pureza y la confianza. La obediencia a sus mandamientos y estatutos, la pureza y la sinceridad de poder ser nosotros mismos ante Dios, sin apariencias ni engaños; y la confianza de saber que tenemos un Padre Celestial que nos cuida y nos ama.

Volvamos nuestro corazón a Dios y busquemos, diligentemente y como niños, la verdad que viene de su palabra. Asombrémonos con las obras de sus manos, gocémonos en su salvación y en su amor, Amémoslo con todo el corazón y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Solamente Él es capaz de saciar por completo el hambre de significado que existe en el corazón del hombre. Solamente Él puede restituir nuestra vida al plan original para el cual fuimos creados, llenándonos de propósito y plenitud de vida en Cristo Jesús.


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 Asunto: Re: EL PAN DIARIO AÑO 2012
NotaPublicado: Dom Mar 18, 2012 2:01 pm 
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EVANGELIO DEL 18 DE MARZO DEL 2012

domingo 18 Marzo 2012

Evangelio según San Juan 3,14-21.
De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto,
para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.
Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas.
Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas.
En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios".




Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.




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Leer el comentario del Evangelio por :

Cardenal Ratzinger [Papa Benedicto XVI]
Sermón Cuaresma 1981


"Es necesario que el Hijo del hombre sea elevado, a fin de que todo hombre que cree obtenga por Él la vida eterna "
"Tened entre vosotros los mismos sentimientos de Cristo: el cual, siendo de condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios, al contrario, se despojo de su rango y tomó la condición de esclavo, haciéndose semejante a los hombres. Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el nombre sobre todo nombre" (Fl 2,5-9)... Este texto extraordinariamente rico, se refiere claramente a la primera caída...
Jesucristo vuelve sobre los pasos de Adán. Al contrario que Adán, verdaderamente es "como Dios" (cf Gn 3,5). Pero ser como Dios, ser igual a Dios, es «ser Hijo" y pues totalmente relación: "el Hijo no puede hacer nada por sí mismo"(Jn 5,19). Por eso el que es verdaderamente igual a Dios no se aferra a su autonomía, al carácter ilimitado de su poder y de su voluntad. Porque para recorrer el camino inverso, se hace el muy-dependiente, se hace el servidor. Porque no toma el camino del poder, sino el del amor, puede descender hasta la mentira de Adán, hasta la muerte, y allí, erigir la verdad, dar vida.
Así, Cristo se hace el nuevo Adán por el que la vida humana toma un nuevo origen... La cruz, lugar de su obediencia, se convierte en el verdadero árbol de la vida. Cristo llega a ser la imagen opuesta a la serpiente, como dicho Juan en su evangelio. De este árbol no viene la palabra de la tentación, sino la palabra del amor salvador, la palabra de la obediencia, por la cual Dios mismo se hizo obediente, y nos ofrece así su obediencia como espacio de la libertad. La cruz es el árbol de la vida de nuevo accesible. En su Pasión, Cristo, por decirlo así, apartó la espada fulgurante (Gn 3,24), atravesó el fuego y levantó la cruz como eje verdadero del mundo, sobre el cual se sostiene el mundo. Por eso la Eucaristía, como presencia de la cruz, es el árbol de la vida que permanece siempre entre nosotros y nos invita a recibir los frutos de la vida verdadera.




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MEDITACION

Cuarto Domingo de Cuaresma


Pues Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo único…. (Juan 3,16)

¡Qué mejor muestra de que Dios ama a los humanos que el hecho de haber enviado a su Hijo Unigénito, sin tener la menor necesidad de hacerlo, para salvar al género humano de la condenación eterna a la que iba preci­pitándose en caída libre. Dios nos creó por amor y por eso quiso impedir la perdición de su pueblo amado.

Tan potente es el amor de Dios que el pecado y la iniquidad no lo resis­ten. Así también nosotros, si negamos

o rechazamos la fuerza de este amor, corremos el peligro de separarnos de él y sufrir la muerte física y espiri­tual. El amor de Dios es más poderoso que la muerte misma, porque “Dios es tan misericordioso y nos amó con un amor tan grande, que nos dio vida juntamente con Cristo cuando toda­vía estábamos muertos a causa de nuestros pecados” (Efesios 2,4-5).

¿Por qué a veces nos parece tan lejano el amor del Padre? ¿Por qué nos parecen tan abstractas las verdades de nuestra fe? Dios es generoso, pero nos pide que lo amemos renunciando al pecado y siendo bondadosos con el prójimo. Aunque muchas veces no lo reconocemos, nuestro peor enemigo es el pecado que hay en el mundo y en nuestro corazón. Nadie que dis­frute de la oscuridad busca la luz, pero si renunciamos al pecado y nos acerca­mos a Cristo, Él disipará las tinieblas y nos resucitará a la vida perdurable.

Los conceptos que propone el mundo acerca del amor están pla­gados de egoísmo: “ama según el provecho que puedas sacar de una relación; y si alguien te ofende, ofende tú también y no mires más a esa per­sona”. Pero este no es el amor que nos enseñó Jesucristo, porque Él nos mandó: “Amen a sus enemigos, y oren por quienes los persiguen. Así ustedes serán hijos de su Padre que está en el cielo” (Mateo 5,44). Esto lo podemos hacer solamente con la gracia de Dios.

“Señor, te pedimos que tu luz y tu amor iluminen a todos tus hijos para que podamos ver y rechazar las obras de la oscuridad.”

2 Crónicas 36,14-16.19-23, Salmo 137,1-6, Efesios 2,4-10




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SANTORAL
San Cirilo de Jerusalen

Obispo y Doctor de la Iglesia (315-386) Nació en una familia cristiana el año 315; sucedió al obispo Máximo en la sede de Jerusalén el año 348. Tuvo que sufrir varios destierros por defender la fe católica frente a los arrianos. Fue un insigne predicador, catequista y escritor. Murió el año 386.


San Alejandro Jerusalén

San Narciso
Obispo y mártir. Era un noble de Gerona, que en tiempo de la persecución de Diocleciano, siendo ya obispo de su ciudad natal, huyó hacia Alemania y predicó el Evangelio en la Recia o tierra de los grisones.

Al pasar por Augsburgo se hospedó en casa de una cortesana, que se convirtió al oírle, can toda su familia. Habiendo vuelto a su patria, murió martirizado por el populacho, juntamente con su diácono Félix, s. IV.



Santos Trófimo y Eucarpo, Nicomedia, 301.

San Eduardo, rey de Inglaterra, que pereció víctima de los artificios de su madrastra, 978.


San Frigidiano, obispo de Lucca, en Toscana, s. VI.

San Anselmo

San Salvador de Horta






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 Asunto: Re: EL PAN DIARIO AÑO 2012
NotaPublicado: Dom Mar 18, 2012 2:11 pm 
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Desde que estaba pequeña siempre me llamo mucho la atención un árbol muy lindo, se llama árbol de Guanacaste, siempre que paso por el lugar donde se encuentra me gusta verlo, su forma, su tamaño, es diferente a los demás, por eso me llama tanto la atención! Y desde que tengo uso de razón ese árbol existe, nunca lo han cortado, nunca se ha secado y siempre ha estado ahí. De las muchas veces que lo he visto, me ha causado tristeza, porque lo he visto queriéndose secar, más que todo en verano, porque en invierno lo veo verde y hermoso.

Como este árbol es la vida cristiana, en mi país solo existen dos estaciones, invierno y verano, pero en la vida de cada uno de nosotros pasamos por inviernos donde las lluvias de problemas no cesan, las tormentas de decepciones nos invaden, inundaciones de pruebas tenemos que pasar y también hasta huracanes de aflicción y tristeza quieren pasar y destruirnos, y nos quiere enfriar.



Por otro lado también pasamos veranos, donde se busca la ociosidad, y nos podemos secar. Para nosotros como buen árbol, debemos estar con los pies bien plantados, así debemos estar, con los pies bien puestos sobre la tierra pero con nuestra mirada en el cielo. Que aunque pasemos por inundaciones, lluvias, sequias, debemos ser como este arbolito que siempre ha permanecido, ahí, firme, bien plantado, que por mas veranos e inviernos y cambios que han pasado a su alrededor el NO HA CAMBIADO y a pesar que a veces lo he visto casi seco y otras veces verde, sigue están en pie, no lo han cortado, no ha perdido su hermosura porque sus raíces están firmes, así deben estar nuestra raíces de Fe, amor y fortaleza, permanecer en pie a pesar de las luchas, todo con la ayuda de Dios, porque todo lo puedes en Cristo que te fortalece, su palabra dice con Cristo, no sin Cristo, o todo lo puede con un poco de Cristo, sino con El; ya que si le soltamos, nos empezaran a cortar las ramas, a secar y no volver a tener el verdor, a doblarnos, por eso no debemos enfriarnos espiritualmente, no nos sequemos, el secreto esta en permanecer de pie y con Dios por delante y de rodillas al amanecer, al atardecer y al anochecer, en invierno en verano, en otoño, en primavera, en la felicidad y en la angustia Y siempre permaneceremos y nada nos cortara las ramas ni las raíces de FE.

Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.

Jeremías 17: 7-8


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 Asunto: Re: EL PAN DIARIO AÑO 2012
NotaPublicado: Dom Mar 18, 2012 2:35 pm 
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Una mujer estaba en una plaza buscando algo. Curiosa, una vecina le preguntó qué había perdido: “Una aguja”, respondió.
Todos se apresuraron a ayudarla a buscar la aguja. Al atardecer, ya cansados de la búsqueda, los vecinos le preguntaron: Pero, “¿dónde la has perdido exactamente?”
La mujer respondió: “Dentro de mi casa, pero como aquí hay más claridad, pensé que tendría más posibilidades de encontrarla...”
Una mujer le dijo enfadada: “¿Cómo nos has hecho perder tanto tiempo buscando aquí fuera algo que perdiste dentro?”
La mujer, que era una monja, dio una enorme carcajada y contestó: “Es curioso. Pero sucede lo mismo con ustedes: cuando pierden la felicidad en sus corazones, van y la buscan fuera de ustedes, salen al mundo exterior pretendiendo encontrarla... Cometen el mismo error que ahora me achacan a mí. Así es su vida. Buscan fuera lo que perdieron dentro. Pues sepan que solamente en el silencio de sus corazones, en el diálogo con Dios, podrán encontrar la felicidad perdida...”


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 Asunto: Re: EL PAN DIARIO AÑO 2012
NotaPublicado: Lun Mar 19, 2012 12:37 pm 
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Evangelio del 19 de marzo del 2012

lunes 19 Marzo 2012

Solemnidad de San José, esposo de la Virgen María, patrón de la Iglesia universal



Evangelio según San Mateo 1,16.18-21.24a.
Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo.
Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.
Mientras pensaba en esto, el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo.
Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados".
Al despertar, José hizo lo que el Angel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa,




Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.




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Comentario: Mons. Ramon MALLA i Call Obispo Emérito de Lleida (Lleida, España)
«José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer»
Hoy, celebra la Iglesia la solemnidad de San José, el esposo de María. Es como un paréntesis alegre dentro de la austeridad de la Cuaresma. Pero la alegría de esta fiesta no es un obstáculo para continuar avanzando en el camino de conversión, propio del tiempo cuaresmal.

Bueno es aquel que, elevando su mirada, hace esfuerzos para que la propia vida se acomode al plan de Dios. Y es bueno aquel que, mirando a los otros, procura interpretar siempre en buen sentido todas las acciones que realizan y salvar la buena fama. En los dos aspectos de bondad, se nos presenta a San José en el Evangelio de hoy.

Dios tiene sobre cada uno de nosotros un plan de amor, ya que «Dios es amor» (1Jn 4,8). Pero la dureza de la vida hace que algunas veces no lo sepamos descubrir. Lógicamente, nos quejamos y nos resistimos a aceptar las cruces.

No le debió ser fácil a San José ver que María «antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo» (Mt 1,18). Se había propuesto deshacer el acuerdo matrimonial, pero «en secreto» (Mt 1,19). Y a la vez, «cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños» (Mt 1,20), revelándole que él tenía que ser el padre legal del Niño, lo aceptó inmediatamente «y tomó consigo a su mujer» (Mt 1,24).

La Cuaresma es una buena ocasión para descubrir qué espera Dios de nosotros, y reforzar nuestro deseo de llevarlo a la práctica. Pidamos al buen Dios «por intercesión del Esposo de María», como diremos en la colecta de la misa, que avancemos en nuestro camino de conversión imitando a San José en la aceptación de la voluntad de Dios y en el ejercicio de la caridad con el prójimo. A la vez, tengamos presente que «toda la Iglesia santa está endeudada con la Virgen Madre, ya que por Ella recibió a Cristo, así también, después de Ella, San José es el más digno de nuestro agradecimiento y reverencia» (San Bernardino de Siena).




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Leer el comentario del Evangelio por :

San Claudio Colombière (1641-1682), jesuita
Panegírico 1º de San José


«No temas acoge en tu casa a María, tu mujer"
No sabemos muchas cosas sobre la vida de San José. El Evangelio sólo reproduce tres o cuatro de sus acciones; y un antiguo autor observó que faltaba una de sus palabras. Posiblemente... el Espíritu Santo lo quiso así para destacar el silencio y la humildad de san José, su amor por la soledad y la vida escondida. Sea lo que sea, tuvimos con esto una gran pérdida. Si el Señor hubiera permitido que se supiera detalladamente la vida de este gran santo, habríamos encontrado, sin duda, bellos ejemplos, bellas reglas, sobre todo para los que viven en el estado del matrimonio...
Toda la vida de San José puede dividirse en dos partes: la primera es la que precedió a su matrimonio; la segunda es todo lo que lo siguió. No sabemos nada en absoluto de la primera y sabemos muy pocas cosas de la segunda. Pretendo sin embargo resaltar que ambas fueron muy santas: la primera ya que fue coronada con un matrimonio muy ventajoso; la segunda fue todavía más santa ya que pasó totalmente en este matrimonio...
¡Qué provecho debió sacar San José de los años de conversación contínua que tuvo con la Virgen Santísima!... No dudo de ninguna manera de que el mismo silencio de María fuera extremadamente edificante y que fuera suficiente mirarla para sentirse llevado a amar Dios y a despreciar el resto. ¡Pero cómo debían ser las conversaciones de un alma donde habita el Espíritu Santo, en la cual Dios derramó la plenitud de la gracia y que tenía más amor que todos los serafines juntos!
¡Qué fuego no saldría de su boca, cuando la abría para expresar los sentimientos de su corazón! ¡Qué frialdades, qué hielos no habrá disipado este fuego! ¡Pero qué efecto produciría en José qué tenía ya tanta disposición a ser inflamado!... Este gran fuego, capaz de abrasar toda la tierra, sólo tuvo el corazón de José para calentar y consumir durante un gran número de años... ¡Si Ella creyó que el corazón de San José era una parte del suyo, qué cuidado tendría en inflamarlo del amor de Dios!



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MEDITAR

Meditación: Mateo 1,16.18-21.24

Lectura correspondiente




San José, esposo de la Virgen María


Dios actúa de manera misteriosa, pero maravillosa. Para que fuera el padre adoptivo de su Hijo eterno escogió a un carpintero sencillo. ¿Cómo pudo ser esto? ¿Un hombre común responsable de criar al Hijo de Dios? Este es un gran misterio, pero lo que sí sabemos es que Dios, cuando llama a alguien para encomendarle alguna misión, lo colma de la gra­cia necesaria para realizar la obra. En realidad, todos los creyentes hemos sido llamados a ser receptores gene­rosos de la gracia de Dios, tal como lo fue San José, y esa gracia nos capacita para obedecer al Señor.

La fe y la docilidad de José también fueron encomiables. Cuando Dios le hablaba en sueños, mediante un ángel, José obedecía sin la menor duda las instrucciones del Señor (Mateo 1,20­24; 2,1-23), aunque las situaciones que tuvo que enfrentar fueron bastante difíciles. Cuando el ángel lo visitó por primera vez le dijo que la Virgen María, su prometida, había concebido mila­grosamente y que podía casarse con ella sin reserva alguna. Claro que es posible que José haya dudado o le haya inquietado lo que dirían los demás; pero, aunque no entendía bien lo que escuchaba, no quiso poner objeciones.

José era sencillo, pero hombre de fe madura, que confiaba en el Señor. Era modesto y sus acciones fueron más elocuentes que todos los sermo­nes, exhortaciones y razonamientos de la historia cristiana. Cuando lee­mos estos pasajes acerca de San José, vemos que sus cualidades de forta­leza, confianza y humildad son como un faro que alumbra la nueva creación que Jesús haría posible para todos gra­cias a su sacrificio en la cruz.

Ojalá todos tengamos también el deseo profundo de hacer la voluntad de Dios. Es posible que al pasar por dificultades, algunos se sientan tenta­dos a dudar del amor del Señor; pero todos tenemos al Espíritu Santo, que nos ama y nos anima a seguir adelante por los caminos de la fe. Cuando hace­mos la voluntad divina, nuestra fe, esperanza y amor a Dios crecen y así vamos estando cada vez mejor prepa­rados para hacer las obras que el Señor ha dispuesto para nosotros.

“Señor, Dios nuestro, sabemos que nos amas mucho y que tus planes son perfectos; concédenos la gracia de escuchar bien tu voz cuando nos das a conocer tu santa voluntad.”

2 Samuel 7,4-5.12-14.16, Salmo 89,2-5.27.29, Romanos 4,13.16-18.22




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SANTORAL

San José Esposo


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Las fuentes biográficas que se refieren a san José son, exclusivamente, los pocos pasajes de los Evangelios de Mateo y de Lucas. Los evangelios apócrifos no nos sirven, porque no son sino leyendas. “José, hijo de David”, así lo llama el ángel.

El hecho sobresaliente de la vida de este hombre “justo” es el matrimonio con María. La tradición popular imagina a san José en competencia con otros jóvenes aspirantes a la mano de María. La elección cayó sobre él porque, siempre según la tradición, el bastón que tenía floreció prodigiosamente, mientras el de los otros quedó seco. La simpática leyenda tiene un significado místico: del tronco ya seco del Antiguo Testamento refloreció la gracia ante el nuevo sol de la redención.



El matrimonio de José con María fue un verdadero matrimonio, aunque virginal. Poco después del compromiso, José se percató de la maternidad de María y, aunque no dudaba de su integridad, pensó “repudiarla en secreto”. Siendo “hombre justo”, añade el Evangelio -el adjetivo usado en esta dramática situación es como el relámpago deslumbrador que ilumina toda la figura del santo-, no quiso admitir sospechas, pero tampoco avalar con su presencia un hecho inexplicable. La palabra del ángel aclara el angustioso dilema. Así él “tomó consigo a su esposa” y con ella fue a Belén para el censo, y allí el Verbo eterno apareció en este mundo, acogido por el homenaje de los humildes pastores y de los sabios y ricos magos; pero también por la hostilidad de Herodes, que obligó a la Sagrada Familia a huir a Egipto.

Después regresaron a la tranquilidad de Nazaret, hasta los doce años, cuando hubo el paréntesis de la pérdida y hallazgo de Jesús en el templo. Después de este episodio, el Evangelio parece despedirse de José con una sugestiva imagen de la Sagrada Familia: Jesús obedecía a María y a José y crecía bajo su mirada “en sabiduría, en estatura y en gracia”. San José vivió en humildad el extraordinario privilegio de ser el padre putativo de Jesús, y probablemente murió antes del comienzo de la vida pública del Redentor. Su imagen permaneció en la sombra aun después de la muerte.

Su culto, en efecto, comenzó sólo durante el siglo IX. En 1621 Gregorio V declaró el 19 de marzo fiesta de precepto (celebración que se mantuvo hasta la reforma litúrgica del Vaticano II) y Pío IX proclamó a san José Patrono de la Iglesia universal. El último homenaje se lo tributó Juan XXIII, que introdujo su nombre en el canon de la misa.






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Himno



Llamando a trabajo al mundo



La aurora de la mañana,



Saluda al son del martillo



La casa nazaretana.



Salve, padre de familia,



De cuyas manos sudadas



El Artífice divino Copió labor artesana.



Reinando en la cumbre del cielo



Junto a tu esposa sin mácula,



Oye a tus fieles devotos



Sumergidos en desgracias.



Quita violencias y engaños



Y hurtos al pobre en ganancias,



Baste a todos el vivir



Con una sencilla holganza.



Por ti, José, Dios altísimo



Dirija nuestras pisadas



En paz y santa alegría



Por las sendas de la Patria.




Beato Narciso Turchan
Cerca de Munich, en Baviera, de Alemania, beato Narciso Turchan, presbítero de la Orden de Hermanos Menores y mártir, que deportado a causa de la fe desde Polonia, que estaba sometida a un régimen malvado, a los campos de concentración de Dachau, allí murió agotado por las torturas.



Beato Marcelo Callo

San Pancario, Nicomedia, s. III.

San Apolonio y San Leoncio, obispo de Saintes, s. VI.

San Laudoaldo y San Amancio, que predicaron el Evangelio en Flandes, Gante, 666.

San Juan, abad oriental, que se estableció en Italia, Civita-di-Penne, donde fue padre y director de monjes, s. VI.

Santos Quinto, Quintila, Cuartila y Marco, en Sorrento.

San Bertulfo, fue el tercer abad de Bobbio, 640.

Beatas Sibilina y Margarita de Metola, dos cieguecitas italianas del siglo XIV.




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 Asunto: Re: EL PAN DIARIO AÑO 2012
NotaPublicado: Lun Mar 19, 2012 12:44 pm 
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Muchos han tenido la triste experiencia de ser abandonados por su padre o su madre. Los hogares destruidos, las diferencias de creencia, el vicio de las drogas o el alcohol, y aun el aislamiento sicológico pueden dejar a los niños afectados por esta pérdida. Este dolor puede persistir aun siendo adultos.

Dios puede ocupar ese lugar en nuestras vidas, llenar ese vacío y sanar esa herida. Él puede dirigirnos hacia adultos que pueden ser para nosotros padres o madres. El amor de Dios basta para todo.

Hay quien dice: “puertas grandes son abiertas por bisagras pequeñas”.

Para todos los creyentes en Cristo, Dios tiene un plan de acción, de eso podemos estar seguros. Puede que exceda todos nuestros sueños. Dios hará todo abundantemente, más de lo que hayamos imaginado.



La biblia dice: Enséñame, oh Jehová, tu camino, Y guíame por senda de rectitud a causa de mis enemigos. No me entregues a la voluntad de mis enemigos; porque se han levantado contra mí testigos falsos, y los que respiran crueldad. Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes. Aguarda a Jehová; Esfuérzate, y aliéntese tu corazón; Sí, espera a Jehová. Salmo 27:11-14 Reina Valera Revisada (1960)

David sabía por experiencia lo que significaba esperar al Señor. Había sido ungido rey a la edad de dieciséis años, pero no fue rey sino hasta que tuvo treinta. Mientras tanto, el celoso rey Saúl lo estuvo persiguiendo por todo el desierto. David tuvo que esperar en Dios en cuanto al cumplimiento de su promesa de que algún día sería rey. Más tarde, después de convertirse en rey, se vio perseguido por Absalón, su hijo rebelde.

La “tierra de los vivientes” significa simplemente esta vida. Es obvio que David estaba pasando por una prueba, pero tenía la confianza de que en esta vida presente Dios lo ayudaría a salir del apuro.

Esperar en Dios no es fácil. A menudo parece que no está respondiendo a nuestras oraciones o que no comprende la urgencia de nuestra situación. Esa clase de pensamiento implica que Dios no lleva las riendas o que no es justo. Pero vale el esfuerzo de esperar en Dios. Lamentaciones 3.24–26 nos hace un llamado a la esperanza y a esperar en el Señor ya que a menudo Dios utiliza la espera para refrescarnos, renovarnos y enseñarnos. Usemos esos momentos de espera para descubrir lo que Dios puede estar tratando de enseñarnos en el proceso.

Dios sólo espera que nos rindamos a Él y estemos dispuestos a estar en el lugar en que nos ha puesto. Dejemos que Él nos convierta en su gran arma de justicia. No nos impacientemos ni nos alarmemos si por un tiempo Dios decide dejarnos como en un estante en vez de lanzarnos a un gran proyecto porque, Él sabe lo que hace. Mientras tanto busquemos ser una “flecha afilada” y listo para ser “lanzados” conforme a su tiempo divino y para su gloria.

Para activar el plan de acción que el Señor tiene con cada uno de nosotros es indispensable tener fe. “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” Hebreos 11:1 (VRV’60)

Porque sin fe es imposible agradar a Dios; debemos entonces basarnos en sus promesas y caminar por su Palabra para poder tener Acceso de fe. Saber esperar en Dios hace que tengamos un corazón como el de David; un corazón conforme a Dios.

Aguarda a Jehová; Esfuérzate, y aliéntese tu corazón; Sí, espera a Jehová. Salmo 27:14 Reina Valera Revisada (1960)


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 Asunto: Re: EL PAN DIARIO AÑO 2012
NotaPublicado: Mar Mar 20, 2012 9:33 am 
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Por alguna razón nosotros tendemos a categorizar los pecados, creemos que un asesino, un violador o un ladrón cometen grandes pecados, y por otro lado creemos que una mentira, el rencor, la envidia o codicia por ejemplo, no son grandes pecados.

Y es que a veces nos preocupamos de evitar esos “grandes” pecados para estar bien con nosotros mismos y en especial con nuestra conciencia, pero olvidamos los “pecaditos” que constantemente practicamos, sin tener el mínimo dolor de haberlos cometido.

Vemos el adulterio o la fornicación con algo grave, pero nos olvidamos que él no perdonar también lo es, pues Dios mismo nos dijo que de la forma que nosotros perdonemos, así seremos perdonados. Para Dios no hay pecado grande o pequeño, en su lenguaje pecado es pecado, independientemente de la forma de cómo nosotros lo veamos.

Hay tantas cosas en la vida cristiana que a veces no le tomamos la importancia que merecen, pero que al descuidarnos tarde o temprano eso que en un inicio parecía tan “pequeño”, se ha convertido en pieza fundamental para nuestra ruina espiritual.

La Biblia habla de las zorras pequeñas, que son comunes en palestina, dichas zorras son aficionadas a las uvas, a cavar hoyos en los jardines y arrancar de raíz las viñas. Las escrituras dicen lo siguiente:

“Atrapen las zorras, las zorras pequeñas que arruinan nuestros viñedos, nuestros viñedos en flor”
Cantares 2:15 (Dios Habla Hoy)
El escritor de cantares nos aconseja atrapar a esas pequeñas zorras que sin hacer gran escándalo pueden destruir nuestros viñedos, es decir nuestra vida y relación personal con Dios.

¿Cuántos de nosotros no le hemos prestado atención a pequeños fallos que hemos tenido y de pronto nos damos cuenta que esos “pequeños” fallos ahora se han convertido en un mal hábito del cual nos es difícil de controlar o dejar de practicar?

A veces vamos por la vida cuidándonos de no cometer “grandes pecados” sin darnos cuenta que estamos atados a muchos “pecados pequeños” como la mentira, como la envidia, como el rencor u otros que lo único que hacen es apartarnos poco a poco de esa relación especial y personal que Dios quiere que tengamos con Él.

Pienso que hoy es un buen día para analizar, pero sobre todo reflexionar sobre:

¿Cuáles son aquellas zorras pequeñas que están arruinando nuestros viñedos?
Es un buen momento para ser sinceros con nosotros mismos, dejar de ver la paja del ojo de nuestro hermano y comenzar a reflexionar en aquellas cosas que consideramos “pequeñas” en nuestra vida, pero que son zorras que amenazan con arruinar nuestro viñedo.

La única forma de detectar y atrapar a esas zorras es teniendo la suficiente humildad para reconocer los “pequeños” errores que a veces estamos cometiendo y tratar de no cometerlos, claro que todo esto con la ayuda de Dios, quien siempre está dispuesto a ayudarnos, a fortalecernos y a darnos la capacidad para mejorar muchos aspectos de nuestra vida para que cada día podamos tratar de ser más agradables a Él.

No sé cuáles sean tus “zorras pequeñas”, yo he detectado en mi vida varias de ellas, seguramente tú si reflexionas bien y eres sincero encontraras también algunas “zorras pequeñas” en tu vida, la pregunta es:

¿Qué piensas hacer al respecto?, puedes tener dos reacciones frente a esto:

1. Detectarlas e ignorarlas,con el riesgo de que muy pronto dichas “zorras pequeñas” destruyan de raíz tu viñedo.

2. Detectarlas y atraparlas,que como consecuencia las raíces de tus viñedos quedaran seguras y el fruto de tu viñedo crecerá y sé dará a su tiempo en perfectas condiciones.

Ya no sigas mas ignorando esas “zorras pequeñas”, detéctalas, atrápalas, pero sobre todo CUIDA TU VIÑEDO.

¿Qué harás frente a esas “pequeñas zorras”?


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 Asunto: Re: EL PAN DIARIO AÑO 2012
NotaPublicado: Mar Mar 20, 2012 9:43 am 
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EVANGELIO DEL 20 DE MARZO DEL 2012

Cuarta Semana de Cuaresma

«Después de esto había una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina, llamada en hebreo Betzata, que tiene cinco pórticos. En éstos yacía una muchedumbre de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos.

Había allí un hombre que padecía una enfermedad desde hacía treinta y ocho años. Jesús, al verlo tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dijo: ¿Quieres ser curado? El enfermo le contestó: Señor; no tengo un hombre que me introduzca en la piscina cuando se mueve el agua; mientras voy desciende otro antes que yo. Le dijo Jesús: Levántate, toma tu camilla y anda. Al instante aquel hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar Aquel día era sábado.

Entonces dijeron los judíos al que había sido curado: Es sábado y no te es lícito llevar la camilla. Él les respondió: El que me ha curado es el que me dijo: Toma tu camilla y anda. Le interrogaron: ¿Quién es el hombre que te dijo: Toma tu camilla y anda? El que había sido curado no sabía quién era, pues Jesús se había apanado de la turba allí reunida.» (Juan 5, 1-16)


I. Jesús, ves a este hombre que lleva tanto tiempo paralítico -¡treinta y ocho años!- y te compadeces de él. «¿Quieres ser curado?», le preguntas. Jesús, también a mí me haces esta pregunta: ¿Quieres ser curado? ¿Quieres que te ayude a vencer este o aquel defecto? ¿Quieres que te dé alas para volar en la vida interior, es decir, gracia para que puedas amarme más?

Parece mentira, pero a veces no me interesa. No me interesa enterarme más; no me interesa comprometerme más; no me interesa que me ayudes tanto, no sea que se me complique la vida más de lo que ya la tengo.

«Señor, no tengo un hombre que me introduzca en la piscina». Cuánta gente podría decir lo mismo: Jesús, no tengo a nadie que me eche una mano, que me ayude en mis necesidades materiales o espirituales: nadie que me oriente; nadie que me dé un buen consejo; nadie que me apoye cuando lo estoy pasando mal. ¿Puede quejarse así alguien de los que están a mi alrededor?

Jesús, si quiero parecerme a Ti, tengo que abrir bien los ojos, para que nadie de los que me rodean pueda quedarse sin mi cariño, sin mi ayuda, sin mi palabra de cristiano.


II. «Hay una sola enfermedad mortal, un solo error funesto: conformarse con la derrota, no saber luchar con espíritu de hijos de Dios. Si falta ese esfuerzo personal, el alma se paraliza y yace sola, incapaz de dar frutos... -Con esa cobardía, obliga la criatura al Señor a pronunciar las palabras que Él oyó del paralítico, en la piscina probática: «hominem non habeo!»- ¡no tengo hombre! -¡Qué vergüenza si Jesús no encontrara en ti el hombre, la mujer; que espera!» (Forja.- 168).

Jesús, Tú también me necesitas para meterte en la vida de muchos. Has querido que sean tus apóstoles de cada tiempo los que siembren, con su ejemplo y con su palabra, la doctrina del Evangelio. Y para ello «necesitas» mi santidad. «La manera de enseñar algo con autoridad es practicarlo antes de enseñarlo, ya que la enseñanza pierde toda garantía cuando la conciencia contradice las palabras» (San Gregorio Magno).

No puedo quedarme parado, paralítico, con una vida interior raquítica, incapaz de dar fruto. No quiero que me digas: «No tengo a nadie que me ayude». Te tengo que ayudar. Y para eso, no puedo conformarme con la derrota, sino que he de saber luchar con espíritu de hijo de Dios, con esfuerzo personal.

Jesús, ayúdame una vez y siempre a levantarme de mis derrotas, a volver a luchar. Tú me necesitas vibrante, apostólico, lleno de fuerza espiritual. Es muy cómodo quedarse ahí tirado, sin querer moverse, ni levantarse, ni seguirte. Pero hoy, te acercas de nuevo aun y me vuelves a preguntar: «¿Quieres ser curado?» Que te diga -con obras, con esfuerzo personal- siempre que sí, de modo que me contestes, como al paralítico: «levántate, toma tu camilla y anda.»




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Comentario: Rev. D. Àngel CALDAS i Bosch (Salt, Girona, España)
«Jesús, viéndole tendido (...), le dice: ‘¿Quieres curarte?’»
Hoy, san Juan nos habla de la escena de la piscina de Betsaida. Parecía, más bien, una sala de espera de un hospital de trauma: «Yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos» (Jn 5,3). Jesús se dejó caer por allí.

¡Es curioso!: Jesús siempre está en medio de los problemas. Allí donde haya algo para “liberar”, para hacer feliz a la gente, allí está Él. Los fariseos, en cambio, sólo pensaban en si era sábado. Su mala fe mataba el espíritu. La mala baba del pecado goteaba de sus ojos. No hay peor sordo que el que no quiere entender.

El protagonista del milagro llevaba treinta y ocho años de invalidez. «¿Quieres curarte?» (Jn 5,6), le dice Jesús. Hacía tiempo que luchaba en el vacío porque no había encontrado a Jesús. Por fin, había encontrado al Hombre. Los cinco pórticos de la piscina de Betsaida retumbaron cuando se oyó la voz del Maestro: «Levántate, toma tu camilla y anda» (Jn 5,8). Fue cuestión de un instante.

La voz de Cristo es la voz de Dios. Todo era nuevo en aquel viejo paralítico, gastado por el desánimo. Más tarde, san Juan Crisóstomo dirá que en la piscina de Betsaida se curaban los enfermos del cuerpo, y en el Bautismo se restablecían los del alma; allá, era de cuando en cuando y para un solo enfermo. En el Bautismo es siempre y para todos. En ambos casos se manifiesta el poder de Dios por medio del agua.

El paralítico impotente a la orilla del agua, ¿no te hace pensar en la experiencia de la propia impotencia para hacer el bien? ¿Cómo pretendemos resolver, solos, aquello que tiene un alcance sobrenatural? ¿No ves cada día, a tu alrededor, una constelación de paralíticos que se “mueven” mucho, pero que son incapaces de apartarse de su falta de libertad? El pecado paraliza, envejece, mata. Hay que poner los ojos en Jesús. Es necesario que Él —su gracia— nos sumerja en las aguas de la oración, de la confesión, de la apertura de espíritu. Tú y yo podemos ser paralíticos sempiternos, o portadores e instrumentos de luz.




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MEDITAR
I. No podemos nunca “conformarnos” con deficiencias y flaquezas que nos separan de Dios y de los demás, excusándonos en que forman parte de nuestra manera de ser, en que ya hemos intentado combatirlos otras veces sin resultados positivos.

La Cuaresma nos mueve precisamente a mejorar en nuestras disposiciones interiores mediante la conversión del corazón a Dios y las obras de penitencia que preparan nuestra alma para recibir las gracias que el Señor quiere darnos.

El Señor siempre está dispuesto a ayudarnos, sólo nos pide nuestra perseverancia para luchar y recomenzar cuantas veces sea necesario, sabiendo que en la lucha está el amor. Nuestro amor a Cristo se manifestará en el esfuerzo por arrancar el defecto dominante o alcanzar aquella virtud que se presenta difícil adquirir, y en la paciencia que hemos de tener en la lucha interior.


II. Es necesario saber esperar y luchar con paciente perseverancia, convencidos de que con nuestro interés agradamos a Dios. La adquisición de una virtud no se logra con esfuerzos esporádicos, sino con la continuidad en la lucha, la constancia de intentarlo cada día, cada semana, ayudados por la gracia.

El alma de la constancia es el amor; sólo por amor se puede ser paciente (SANTO TOMÁS, Suma Teológica) y luchar, sin aceptar los defectos y los fallos como algo inevitable.

En nuestro caminar hacia el Señor sufriremos derrotas; muchas de ellas no tendrán importancia; otras sí, pero el desagravio y la contrición nos acercarán todavía más a Dios. Este dolor es el pesar de no estar devolviendo tanto amor como el Señor se merece, el dolor de estar devolviendo mal por bien a quien tanto nos quiere.


III. Además de ser pacientes con nosotros mismos hemos de serlo con quienes tratamos con más frecuencia, sobre todo si tenemos obligación de ayudarles en su formación, o una enfermedad. Hemos de contar con los defectos de quienes nos rodean.

La comprensión y fortaleza nos ayudarán a tener calma, sin dejar de corregir cuando sea oportuno y en el momento indicado. La impaciencia hace difícil la convivencia, y también vuelve ineficaz la posible ayuda y la corrección. Debemos ser especialmente constantes y pacientes en el apostolado. Las personas necesitan tiempo y Dios tiene paciencia: en todo momento da su gracia, perdona y anima a seguir adelante. Con nosotros ha tenido esta paciencia sin límites.

Pidamos a Nuestra Madre paciencia para nosotros mismos y para los que nos rodean.





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SANTORAL
Santa Fotina la Samaritana, San Heriberto, San Martín Dumiense y Beato Marcel Callo


Santa Fotina la Samaritana (siglo I)

Esta pecadora se convirtió en el pozo de Jacob, cerca de Sicar (Sama, ria). Jesús se había dirigido al lugar para descansar de las fatigas del viaje cuando se la encontró. San Juan ha conservado las palabras que obraron su conversión (Jn 4, 4-42). Son las mismas palabras que siguen todas las almas que el Padre ha conducido hasta su Hijo: «Si supieras el don de Dios...».

Después del encuentro con Jesús, al parecer marchó hasta África acompañada de su hijo José con la intención de predicar el Evangelio. Sobrevino la terrible persecución de Nerón (64-68) y los dos fueron detenidos en Cartago. José murió decapitado y Fotina arrojada a prisión, donde acabó su vida anciana y olvidada.

En cuanto a Víctor, su otro hijo, era un antiguo oficial romano que había recibido la misión de exterminar a los cristianos en la Galia. Pasado algún tiempo, se descubrió que en vez de exterminarlos, lo que hacía era multiplicarlos gracias a las numerosas conversiones que conseguía entre los paganos. Fue condenado a muerte, junto a algunos neófitos suyos (Sebastián, Focio, Anatolio, Focida). El nombre ruso de Fotina es Svetlana.


San Heriberto (+687)

Vivió como anacoreta en la isla del lago de Dervenwater, Cumberland, Inglaterra. Fue discípulo y gran amigo del famoso san Cutberto. Todos los años pasaban juntos unos días en una isla del mismo lago, Fare. Allí tenía Cutberto su residencia.

En cierta ocasión, éste le dijo a su amigo: “Querido Heriberto, si quieres pedirme cualquier cosa, hazlo, porque no nos volveremos a ver aquí abajo. Dios me ha revelado que moriré pronto”. Heriberto se echó a llorar: “Te lo suplico, llévame contigo al cielo, si no te veo más, seré el más desgraciado de los hombres”. Cutberto se puso de rodillas y oró durante largo rato. Después se levantó y le dijo: “No llores más querido Heriberto, será como tú quieres. Dios nos ha escuchado”. Murieron, en efecto, algunas semanas más tarde, al parecer el mismo día y a la misma hora.


San Martín Dumiense (515-580)

Como aquel otro Martín más famoso, el de Tours, nació en la actual Hungría y fue monje en Palestina, donde debió familiarizarse con la espiritualidad de los padres del desierto, sobre la que posteriormente compuso una especie de resumen a modo de enseñanza. Era un hombre muy docto y conocía bien el griego y el latín, y dominaba los autores paganos como Cicerón y Séneca.

Movido por el impulso del Espíritu Santo, emprendió un largo viaje. Estuvo primero en Roma, luego visitó la Galia y terminó en Galicia, España, donde consiguió la conversión del rey Teodomiro que era arriano.

Fundo en el año 550 el monasterio de Dumio, cerca de Braga, Portugal y llegó a ser arzobispo de esa ciudad. Su epitafio resume su vida y su obra: "Restauró la religión y las cosas sagradas."


Beato Marcel Callo, laico (1921-1945)

Nació en Rennes, Francia el segundo de nueve hijos de una familia pobre. Marcel era lo que llaman los franceses un “auténtico bretón” terco y enérgico.

Necesito años para dominar su temperamento, y le ayudo mucho la responsabilidad que tuvo dentro de la Juventud Obrera Católica. De día Marcel trabajaba en una editorial y nunca guardó secreto junto a su convicción católica. “Marcel tuvo solo una cara”, afirmó uno de sus amigos.

En 1940, Francia fue ocupada por las tropas alemanas. Marcel y sus compañeros de la JOC se dedicaron su tiempo libre al “centro de recepción” del ferrocarril de Rennes a donde llegaban miles de refugiados. Allí buscó hacer contacto con sus paisanos que serían llevados a Alemania para efectuar trabajos forzados. Les prestaban sus brazaletes de la Cruz Roja y así lograron salvar a muchos de ser enviados.

Sin embargo, por tanto ayudarlos, le tocó su turnó a Marcel y terminó en un campamento de Turingia. Allí fundó un club de teatro, un club deportivo y organizó meditaciones. Para afianzar su lealtad a Cristo, Marcel llevaba un riguroso programa de vida espiritual. Fue el líder indiscutible de los mil adolescentes del campamento a los que salvó de la desesperación.

En 1944, la Gestapo arrestó a Marcel por “ser demasiado católico. Fue enviado a un campo en Austria que era un verdadero infierno y en el cual no logró sobrevivir. El día de su muerte, 19 de marzo de 1945, tenía la edad de 23 años.

Fue beatificado en Roma el 4 de octubre de 1987 con la presencia de algunos miembros de su familia.


* Reza hoy especialmente por la conversión de los pecadores.




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 Asunto: Re: EL PAN DIARIO AÑO 2012
NotaPublicado: Mar Mar 20, 2012 9:53 am 
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Señor! Te llamo desde mi soledad...
para los mayores a veces soy "una cosa cualquiera"
para mi mismo, "un enigma", ¡Que edad la mía! río locamente y lloro al instante.

Me acobardo y ambiciono, amo y odio,
no comprendo la vida, ni me comprendo a mi mismo.
Y los mayores tampoco comprenden mi situación,
a ti, que fuiste adolescente, ofrezco mis alegrías,
mis ilusiones.

Mis dudas, mi dolor, mis primeros fracasos.
dame tu luz, tu gracia y tu amor
los necesito.¡ Tu luz!
para ver claro mi camino, mi futuro, mis posibilidades,
mi limitación.

Amén.


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 Asunto: Re: EL PAN DIARIO AÑO 2012
NotaPublicado: Mié Mar 21, 2012 12:39 pm 
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En ese lugar sola o solo, pensando una y otra vez lo mismo, ese pensamiento que ha cautivado tu mente y que lo menos que hace es hacerte sonreír.

Sentir muy cerca el olor a fracaso, sentir el temor de ser derrotado, sentirte abandonado, solitario y sin importancia, creer que esta vez sí será peor que todas las otras veces.

Tú rostro últimamente refleja lo que tu corazón siente, lo abatida que tu alma esta. Desde hace días el brillo de tus ojos se ha apagado porque no ves más que problemas y más problemas.

Las lágrimas se han convertido en tu mejor amiga por las noches, el sollozo de tu llanto es la única melodía que se escucha mientras tratas de conciliar el sueño.

Quisieras dormir y que al día siguiente todo volviera a la normalidad, quisieras despertar y que todo estuviera superado, pero al abrir tus ojos por la mañana te das cuenta que todo sigue igual a como estaba la noche anterior y eso no hace más que sumar a la desesperación que en estos instantes sientes.

Me imagino a Dios observando todo el cuadro de tu vida, apoyando su barbilla en sus brazos cruzados sobre esa ventana del cielo. Observando cada cosa, callando, en silencio, en momentos preocupados al notar tu desesperación, pero a la vez tranquilo porque el Pintor de ese cuadro es Él.

Para cualquier persona, incluso para ti, todo el cuadro de tu vida pinta mal. Cualquier podría decir que todo está arruinado, que todo está acabado, que no hay forma de que las cosas mejoren o que no hay probabilidad de salir victorioso de esta.

Sin embargo, tú no eres el que decide como esto terminara, ni siquiera las personas más críticas que en este momento no hacen más que sumar a tu desesperación diciéndote palabras que lo único que hacen es abonar a tu tristeza.

El único que puede decidir el final de ese cuadro es DIOS, nuestro Creador, el Soberano, el Todopoderoso, el Dios Creativo y Detallista que tenemos, ese Dios que se preocupa por las necesidades de su pueblo y que tiene cada cosa bajo control.

Ese Dios que es un Artista de primera, que se lucio creando todo lo que existe, que hizo cada cosa con detalles únicos y especiales, ese Dios que nunca ha perdido una guerra y que ha prometido estar con nosotros todos los días de nuestra vida, ese DIOS es el único que puede cambiar el cuadro de tu vida.

En el momento indicado, sin desesperarse ni apresurarse, sino en el momento exacto, Él sacara su pincel, y comenzara a dar forma a ese cuadro de tu vida, ese pincel que pondrá cada cosa en su lugar, ese pincel que desde el principio de la creación se lucio y que ha hecho todo perfecto en su tiempo.

El cuadro de tu vida no necesariamente es el que en este momento refleja, el cuadro de tu vida no será ni la sobra de lo que en este momento es cuando Dios con su pincel sobrenatural comience a pintar cada detalle, aun aquellos que a ti mismo se te han escapado, pero a Él no. Cuando esa obra esté terminada será digna de ser expuesta en el mejor museo que existe, en el museo de la FE.

¡Vamos! ¡Confía!, no des todo por perdido, no creas que todo está acabado, saca lo último que te queda de FE y cree en lo que Dios puede y quiere hacer en tu vida. Solamente no te desesperes, no te rindas, solamente confía en que el cuadro de tu vida será perfeccionado por Dios mismo.

¡Dios es un Artista de primera y sus obras terminadas son Maravillosas!
¡Él tiene todo bajo el control de su pincel creativo!
“Sin embargo, Dios lo hizo todo hermoso para el momento apropiado”

Eclesiastés 3:11a (Nueva Traducción Viviente)

“Entonces Dios miró todo lo que había hecho, ¡y vio que era muy bueno!”

Génesis 1:31a (Nueva Traducción Viviente)

“Él hace grandezas, demasiado maravillosas para comprenderlas, y realiza milagros incontables”

Job 5:9 (Nueva Traducción Viviente)


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 Asunto: Re: EL PAN DIARIO AÑO 2012
NotaPublicado: Mié Mar 21, 2012 12:41 pm 
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EVANGELIO DEL MIERCOLES 21 DE MARZO DEL 2012

Día litúrgico: Miércoles IV de Cuaresma
Texto del Evangelio (Jn 5,17-30): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo» Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios.

Jesús, pues, tomando la palabra, les decía: «En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace Él, eso también lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que Él hace. Y le mostrará obras aún mayores que estas, para que os asombréis. Porque, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo ha enviado. En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida.

»En verdad, en verdad os digo: llega la hora (ya estamos en ella), en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán. Porque, como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo, y le ha dado poder para juzgar, porque es Hijo del hombre. No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio. Y no puedo hacer nada por mi cuenta: juzgo según lo que oigo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado».



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Comentario: Rev. D. Francesc PERARNAU i Cañellas (Girona, España)
«En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna»
Hoy, el Evangelio nos habla de la respuesta que Jesús dio a algunos que veían mal que Él hubiese curado a un paralítico en sábado. Jesucristo aprovecha estas críticas para manifestar su condición de Hijo de Dios y, por tanto, Señor del sábado. Unas palabras que serán motivo de la sentencia condenatoria el día del juicio en casa de Caifás. En efecto, cuando Jesús se reconoció Hijo de Dios, el gran sacerdote exclamó: «¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia, ¿qué os parece?» (Mt 26,65).

Muchas veces, Jesús había hecho referencias al Padre, pero siempre marcando una distinción: la Paternidad de Dios es diferente si se trata de Cristo o de los hombres. Y los judíos que le escuchaban le entendían muy bien: no era Hijo de Dios como los otros, sino que la filiación que reclama para Él mismo es una filiación natural. Jesús afirma que su naturaleza y la del Padre son iguales, aun siendo personas distintas. Manifiesta de esta manera su divinidad. Es éste un fragmento del Evangelio muy interesante de cara a la revelación del misterio de la Santísima Trinidad.

Entre las cosas que hoy dice el Señor hay algunas que hacen especial referencia a todos aquellos que a lo largo de la historia creerán en Él: escuchar y creer a Jesús es tener ya la vida eterna (cf. Jn 5,24). Ciertamente, no es todavía la vida definitiva, pero ya es participar de la promesa. Conviene que lo tengamos muy presente, y que hagamos el esfuerzo de escuchar la palabra de Jesús, como lo que realmente es: la Palabra de Dios que salva. La lectura y la meditación del Evangelio ha de formar parte de nuestras prácticas religiosas habituales. En las páginas reveladas oiremos las palabras de Jesús, palabras inmortales que nos abren las puertas de la vida eterna. En fin, como enseñaba san Efrén, la Palabra de Dios es una fuente inagotable de vida.


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MEDITAR

San Benito o Benedicto


¿De dónde le venía el poder a Jesús? ¿A qué se debía que podía curar a las personas de sus males físicos, emocio­nales y espirituales? La respuesta obvia, naturalmente, es que realizaba estos milagros porque era el Hijo de Dios. No obstante, la Escritura demues­tra que su comunión con el Padre era tan profunda, tan íntima, que hablaba como si no pudiera hacer nada por sí mismo, sino exclusivamente aquello que veía hacer al Padre (Juan 5,19).

Durante todo su ministerio, Cristo dijo que el poder con que actuaba venía de su Padre. Decía que Él estaba “en” el Padre, tal como el Padre estaba “en” Él. Lo llamaba “Abba”, palabra aramea que significa Papá y decía que su deseo era hacer solo lo que el Padre le mandaba (Juan 6,38) y decir solo las palabras que el Padre le daba (8,28). La vida de Cristo fue una vida de cons­tante oración al Padre y dejaba que el Espíritu Santo lo guiara y le diera fuer­zas (Mateo 4,1; Lucas 4,18).

Pero ¿qué significa todo esto para nosotros? Significa que cuando mira­mos a Jesús vemos al Padre mismo. Cuando vemos la misericordia, la com­pasión, la abnegación y el gran amor de Cristo, estamos presenciando un retrato perfecto de Dios. ¡Cuánto nos sirve esto para corregir los conceptos que tenemos de que Dios no es más que un juez implacable o un Ser todo­poderoso pero sumamente distante!

En este tiempo de Cuaresma, época de gracia, acudamos a nues­tro Padre celestial haciendo oración cada día, confiados en su gran amor. Humillémonos y confesemos que dependemos totalmente de Él. El Padre desea abrazarnos con ternura y llenarnos de su Espíritu Santo. Gracias a Jesús podemos experimentar una cer­canía a nuestro Padre amoroso que es muy superior a todo lo que podemos imaginar. Al igual que Cristo, podemos recibir la capacidad ser portadores del amor del Padre, ese amor compasivo y misericordioso que unge, transforma y sana la vida de las personas. El Señor está preparado para actuar; solo fal­tan fieles que quieran ser instrumentos suyos.

“Padre eterno, que eres siempre misericordioso y compasivo, sé que me estás llamando a entrar en una comunión íntima contigo. Pongo toda mi confianza en tu amor y te entrego mi corazón y mi voluntad, para que Tú actúes en mí y a través de mí.”

Isaías 49,8-15,

Salmo 145,8-9.13-14.17-18





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SANTORAL

San Nicolás de Flüe
Confesor (1417-1497) Nació en el 1417, justo el año en que termina el Cisma de Occidente con la elección de Martín V como Papa por el concilio de Constanza. En familia de católicos campesinos, se ocupa de los trabajos del campo, pero es asiduo a la oración y practica el ayuno como cosa habitual cuatro días por semana. Se casa cuando tiene treinta años con Dorotea Wyss.

La unidad familiar dura veinte años, tienen 10 hijos, uno de ellos llega a frecuentar la universidad y el mayor consigue ser presidente de la Confederación. Siendo Nicolás un hombre de paz, tuvo que intervenir en tres guerra, en la de liberación de Nüremberg, en la vieja de Zurich y en la de Turgovia contra Segismundo. En el año 1467 da comienzo la parte de su vida.

Tiene cincuenta años y con el permiso de su esposa y de sus hijos se retira a vivir como eremita en la garganta de Ranft. Vive entregado a la meditación preferentemente de la Pasión del Señor que contempla siguiendo los distintos episodios, como hicieron Juan Ruysbroeck y Enrique Suso. Obtiene un alto y profundo conocimiento de la Santísima Trinidad. Hace notable penitencia y practica riguroso ayuno. La celda que le han construido los paisanos solo dispone de una ventana para ver los oficios del sacerdote y otra para contemplar la naturaleza de Unterwald.

El obispo de Constanza va a bendecir el lugar que se convierte en centro de peregrinación. El contenido será el culto a la Eucaristía y el motivo el hecho milagroso del ayuno absoluto y prolongado de Nicolás. Se cierra su vida con una enfermedad cargada de dolor y de sufrimiento que lleva con paciencia tan grande como su pobreza. Después de recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo, muere el 21 de marzo de 1487.

Los católicos comenzaron en el 1591 el proceso de canonización que no llega a promulgarse hasta el 1947 por el papa Pío XII, el mismo día de la Ascensión. Han pasado más de 350 años y es que la santidad, antes de ser oficialmente reconocida, está supeditada a las contingencias históricas.



Santa María Francisca
Santa María Francisca de las 5 Llagas, Mística Nació en Nápoles, Italia en 1715. Su padre era un tejedor, y la madre una mujer extraordinariamente piadosa. Desde muy pequeñita fue obligada por su padre a trabajar muchas horas cada día en su taller de hilados, pero la mamá aprovechaba todo rato libre para leerle libros piadosos y llevarla al templo a orar.

El párroco, admirado de su piedad y viendo que se sabía de memoria el catecismo, la admitió a los 8 años a la Primera Comunión, y al año siguiente la encargó de preparar a varios niños. El 8 de septiembre de 1731 recibió el hábito de Terciaria franciscana y siguió viviendo en su casa, pero con comportamientos de religiosa. Frecuentemente mientras estaba en oración entraba en éxtasis. La Virgen se le aparecía y le traía mensajes.

Tras la muerte de su madre, la santa decidió abandonar su hogar y mudarse a una casa cural donde permaneció los últimos 38 años de su vida, siempre en constante oración, penitencia y sufrimiento que los ofrecía por las almas del purgatorio y la conversión de los pecadores.

Poco después, le aparecieron las cinco llagas o heridas de Jesús en su cuerpo. Su salud era muy defectuosa y las enfermedades la hacían sufrir enormemente. El 6 de octubre de 1791 murió santamente. Y al año 1867 el Sumo Pontífice la declaró santa.


Santa Benedetta

San Agustín Zhao Rong,

Santos Filemón y Domnino, que predicaron a través de las provincias italianas en el s. IV.

San Berilo, ordenado por San Pedro, obispo de Catania, s. I.

San Serapión, anacoreta y obispo de Thmeos, desterrado por combatir el arrianismo, Alejandría. s. IV.

San Lupicino, abad de Lauconne, en el Jura, diócesis de Lyón, 480.


Beata Clemencia

Beato Alfonso de Rojas, franciscano, Coria, 1617.






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 Asunto: Re: EL PAN DIARIO AÑO 2012
NotaPublicado: Mié Mar 21, 2012 12:46 pm 
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 Asunto: Re: EL PAN DIARIO AÑO 2012
NotaPublicado: Jue Mar 22, 2012 8:12 am 
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EVANGELIO DEL 22 DE MARZO DEL 2012
Cuarta Semana de Cuaresma

«Yo no busco recibir gloria de los hombres; pero os conozco y sé que no hay amor de Dios en vosotros. Yo he venido en nombre de mi Padre y no me recibís; si otro viniera en nombre propio a ése lo recibiríais. ¿Cómo podéis creer vosotros, que recibís gloria unos de otros, y no buscáis la gloria que procede del único Dios? No penséis que yo os acusaré ante el Padre; hay quien os acusa: Moisés, en quien vosotros esperáis. En efecto, si creyeseis a Moisés, tal vez me creeríais a mí, pues él escribió de mí. Pero si no creéis en sus escritos, ¿ cómo vais a creer en mis palabras?» (Juan 5, 311-47)


I. Jesús, está claro que no puedo amarte si primero no creo. La fe es muy importante, porque es el paso previo a la caridad, al amor. Por eso, he de fomentarla y cuidarla; no puedo jugar con la fe, ponerla en peligro. «En otros tiempos se incitaba a los cristianos a renegar de Cristo; en nuestra época se enseña a los mismos a negar a Cristo. Entonces se impelía, ahora se enseña; entonces se usaba de la violencia, ahora de insidias; entonces se oía rugir al enemigo, ahora, presentándose con mansedumbre insinuante y rondando, difícilmente se le advierte» (San Agustín).

La fe se robustece con el estudio, con la formación. No es coherente que vaya creciendo mi cultura, mi ciencia, mi capacidad critica, y continúe con una formación religiosa «de primera comunión»: con explicaciones de la fe que no dan respuesta a las preguntas de una vida de adulto, ni pueden contrarrestar los ataques a la fe solapados bajo un lenguaje pseudo-científico y «progresista». Por eso es importante asistir a charlas de formación, pedir consejo para leer libros interesantes sobre la doctrina y la vida cristiana, etc. ...

«Si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?» Jesús, lo mismo que dices sobre Moisés, lo dices también sobre los apóstoles y los ministros de tu Iglesia: «Quien a vosotros oye, a mí me oye; quien a vosotros desprecia, a mí me desprecia» (Lucas 10,16). Si no oigo las enseñanzas de la Iglesia, si no las sigo, ¿cómo voy a creer? Los judíos «creían» en las escrituras; sin embargo, Tú les dices que no creen en los escritos de Moisés porque creen a su modo, interpretan a su manera. Igualmente, yo no puedo interpretar la escritura a mi manera. «Quien a vosotros oye, a mime oye.»


II. «Te aconsejo que no busques la alabanza propia, ni siquiera la que merecerías: es mejor pasar oculto, y que lo más hermoso y noble de nuestra actividad, de nuestra vida, quede escondido... ¡Qué grande es este hacerse pequeños!: «Deo omnis gloria!» -toda la gloria, para Dios»(Forja 1051).

«¿Cómo podéis creer vosotros, que recibís gloria unos de otros, y no buscáis la gloria que procede del único Dios?» Si me busco a mí mismo: quedar bien, triunfar, y que los demás me admiren, ¿cómo voy a entenderte? Tú mismo has dicho: «Yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y la tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios y prudentes, y las revelaste a los pequeños» Por eso, «¡Qué grande es este hacerse pequeños!»

Jesús, Tú eres Dios y naces en un establo, vives pobre en una aldea perdida, mueres ajusticiado en una cruz, y te escondes bajo las especies de los alimentos más vulgares de la tierra: vino y pan. ¿Por qué actúas así? ¿Qué me estás queriendo enseñar con esto? Posiblemente quieres enseñarme que es mejor pasar oculto, y que lo más hermoso y noble de nuestra actividad, de nuestra vida, quede escondido. No significa que deba hacer las cosas mal, o que me tenga que dedicar a labores de segunda categoría.

Tú me quieres con prestigio profesional y humano, y en los lugares en los que el ejemplo de mi vida cristiana pueda llegar a más gente. Pero sin buscar la alabanza propia, ni siquiera la que me merecería. Toda la gloria te la mereces Tú, que eres quien me ha dado mi inteligencia, tantos medios materiales, la formación religiosa, continuas gracias espirituales, una familia como la que tengo, etc. Ayúdame, Jesús, a buscar siempre y en todo tu voluntad y tu gloria.






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Comentario: Rev. D. Miquel MASATS i Roca (Girona, España)
«Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido»
Hoy, el Evangelio nos enseña cómo Jesús hace frente a la siguiente objeción: según se lee en Dt 19,15, para que un testimonio tenga valor es necesario que proceda de dos o tres testigos. Jesús alega a favor suyo el testimonio de Juan el Bautista, el testimonio del Padre —que se manifiesta en los milagros obrados por Él— y, finalmente, el testimonio de las Escrituras.

Jesucristo echa en cara a los que le escuchan tres impedimentos que tienen para reconocerle como al Mesías Hijo de Dios: la falta de amor a Dios; la ausencia de rectitud de intención —buscan sólo la gloria humana— y que interpretan las Escrituras interesadamente.

El Santo Padre Juan Pablo II nos escribía: «A la contemplación del rostro de Cristo tan sólo se llega escuchando en el Espíritu la voz del Padre, ya que nadie conoce al Hijo fuera del Padre (cf. Mt 11,27). Así, pues, se necesita la revelación del Altísimo. Pero, para acogerla, es indispensable ponerse en actitud de escuchar».

Por esto, hay que tener en cuenta que, para confesar a Jesucristo como verdadero Hijo de Dios, no es suficiente con las pruebas externas que se nos proponen; es muy importante la rectitud en la voluntad, es decir, las buenas disposiciones.

En este tiempo de Cuaresma, intensificando las obras de penitencia que facilitan la renovación interior, mejoraremos nuestras disposiciones para contemplar el verdadero rostro de Cristo. Por esto, san Josemaría nos dice: «Ese Cristo, que tú ves, no es Jesús. —Será, en todo caso, la triste imagen que pueden formar tus ojos turbios...—Purifícate. Clarifica tu mirada con la humildad y la penitencia. Luego... no te faltarán las limpias luces del Amor. Y tendrás una visión perfecta. Tu imagen será realmente la suya: ¡Él!».






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MEDITAR

I. La entrega plena de cristo por nosotros, que culmina en el Calvario, constituye la llamada más apremiante a corresponder a su gran amor por cada uno de nosotros. En la Cruz, Jesús consumó la entrega plena a la voluntad del Padre y el amor por todos los hombres, por cada uno: me amó y se entregó por mí (Gálatas 2, 20)

¿Cómo correspondo yo a su Amor? En todo verdadero sacrificio se dan cuatro elementos esenciales, y todos ellos se encuentran presentes en el sacrificio de la Cruz: sacerdote, víctima, ofrecimiento interior y manifestación externa del sacrificio, expresión de la actitud interior.

Nosotros, que queremos imitar a Jesús, que sólo deseamos que nuestra vida sea reflejo de la suya, nos preguntamos hoy si sabemos unirnos al ofrecimiento de Jesús al Padre, con la aceptación de la voluntad de Dios, en cada momento, en las alegrías y contrariedades, en el dolor y en el gozo.


II. La Santa Misa y el Sacrificio de la Cruz son el mismo y único sacrificio, aunque estén separados en el tiempo: se vuelve a hacer presente la total sumisión amorosa de Nuestro Señor a la voluntad del Padre. Cristo se ofrece a Sí mismo a través del sacerdote, que actúa in persona Christi. Su manifestación externa es la separación sacramental, no cruenta, de su Cuerpo y su Sangre, mediante la transustanciación del pan y el vino.

Nuestra oración de hoy es un buen momento para examinar cómo asistimos y participamos en la Santa Misa. Si tenemos amor, identificación plena con la voluntad de Dios, ofrecimiento de nosotros mismos, y afán corredentor.


III. El Sacrificio de la Misa, al ser esencialmente idéntico al Sacrificio de la Cruz, tiene un valor infinito, independientemente de las disposiciones concretas de quienes asisten y del celebrante, porque Cristo es el Oferente principal y la Víctima que se ofrece. No existe un medio más perfecto de adorar a Dios o de darle gracias por todo lo que es y por sus continuas misericordias con nosotros. También es la única perfecta y adecuada reparación, a la que debemos unir nuestros actos de desagravio.

La Santa Misa debe ser el punto central de nuestra vida diaria, como lo es en la vida de la Iglesia, ofreciéndonos nosotros mismos por Él, con Él y en Él. Este acto de unión con Cristo debe ser tan profundo y verdadero que penetre todo nuestro día e influya decisivamente en nuestro trabajo, en nuestras relaciones con los demás, en nuestras alegrías y fracasos, en todo.

Acudamos a nuestro Ángel para evitar las distracciones cuando asistimos a la Santa Misa, y esforcémonos en cuidar con más amor este rato único de nuestro día."






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SANTORAL

Santa Lea

Murió en Roma hacia el año 383. Como Marcela (31 de enero) o Melania (26 de enero), era una dama patricia que asistía a las clases sobre las Sagradas Escrituras dadas por san Jerónimo cuando éste vivía en Roma. Al enviudar, Lea se retiró a un monasterio romano del cual llegó a ser superiora. Murió a la vez que cierto cónsul que, al parecer había llevado una vida disoluta y al cual san Jerónimo mandó sin rodeos al infierno. Desde su gruta de Belén, escribió a Marcela las siguientes líneas:

«¿Quién alabará lo suficiente a la bienaventurada Lea? Ella renunció a los afeites, a las perlas brillantes, a las riquezas de toda clase para cubrirse de un simple sayal. Dejó de mandar para obedecer, viviendo en un rincón con unas pocas pertenencias, pasando noches en oración constante, esperando llegar al cielo como única recompensa.

Desde el seno de Abraham, donde se encuentra, está viendo sin duda a nuestro cónsul, poco antes cubierto de púrpura y aplaudido por la plebe en el Capitolio, y ahora vestido de andrajos y reclamando una gota de agua sin obtenerla. Su desvergonzada mujer va diciendo por ahí que está en el cielo. Lo cierto es que está llorando en las tinieblas exteriores, mientras Lea, que quiso pasar por loca, ha sido recibida en la casa de Dios, en el banquete del Cordero.

¡Ah! Os lo suplico con lágrimas en los ojos: renunciemos a todo lo que es de la carne y vivamos en el desprendimiento, puesto que nuestro cuerpo pronto será polvo y todo lo que queda no durará mucho más».


* Que no pase la semana sin que acudas al Sacramento de la Reconciliación.






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 Asunto: Re: EL PAN DIARIO AÑO 2012
NotaPublicado: Jue Mar 22, 2012 8:23 am 
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Por muy espiritual que seas si eres soltero en algún momento serás tentado a caer en el pecado. Muchos pensamientos pueden venir a tu mente de toda clase, pero eres tú y nada mas que tú quien decide si ceder a la tentación y obedecer a tus deseos o abstenerte de pecar, superar la tentación y sentirte bien con Dios y contigo mismo.

Hoy en día muchos simplemente ceden a la tentación olvidándose de agradar a Dios, pero ¿Tú que decisión tomaras? La Biblia dice: “Huye de todo lo que estimule las pasiones juveniles. En cambio, sigue la vida recta, la fidelidad, el amor y la paz. Disfruta del compañerismo de los que invocan al Señor con un corazón puro”. 2 Timoteo 2:22 (Nueva Traducción Viviente)

Te invitamos a que reflexiones viendo este video:

http://destellodesugloria.org/blog/?p=12890


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 Asunto: Re: EL PAN DIARIO AÑO 2012
NotaPublicado: Jue Mar 22, 2012 8:46 am 
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El día que aprendas a reconocer a Dios en todas las pequeñas cosas que ocurren en tu vida, ese día comprenderás que no necesitas mas milagros que los que Dios te da todos los días sin que tu se lo hayas pedido!!



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"Hay tres cosas en la vida que una vez que pasan nunca regresan: el tiempo, las palabras y las oportunidades"



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"Nunca dejes de sonreír, ni siquiera cuando estés triste, porque nunca sabes quien se puede enamorar de tu sonrisa".




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"He aprendido que lo que cura las heridas es el AMOR y no el tiempo"


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"Cuando tu mente este perturbada e inquieta,
deja actuar al tiempo y el reposo se producirá lentamente."




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 Asunto: Re: EL PAN DIARIO AÑO 2012
NotaPublicado: Vie Mar 23, 2012 9:10 am 
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EVANGELIO DEL 23 DE MARZO DEL 2012

viernes 23 Marzo 2012

Viernes de la cuarta semana de Cuaresma


Evangelio según San Juan 7,1-2.10.25-30.
Después de esto, Jesús recorría la Galilea; no quería transitar por Judea porque los judíos intentaban matarlo.
Se acercaba la fiesta judía de las Chozas,
Sin embargo, cuando sus hermanos subieron para la fiesta, también él subió, pero en secreto, sin hacerse ver.
Algunos de Jerusalén decían: "¿No es este aquel a quien querían matar?
¡Y miren cómo habla abiertamente y nadie le dice nada! ¿Habrán reconocido las autoridades que es verdaderamente el Mesías?
Pero nosotros sabemos de dónde es este; en cambio, cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde es".
Entonces Jesús, que enseñaba en el Templo, exclamó: "¿Así que ustedes me conocen y saben de dónde soy? Sin embargo, yo no vine por mi propia cuenta; pero el que me envió dice la verdad, y ustedes no lo conocen.
Yo sí lo conozco, porque vengo de él y es él el que me envió".
Entonces quisieron detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él, porque todavía no había llegado su hora.




Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.




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Leer el comentario del Evangelio por :

Beato Juan Pablo II
Encíclica «Dios, rico en misericordia»


«¿Me conocéis? ¿Sabéis de dónde vengo? " (cf Jn 7,28)
El misterio pascual es Cristo en el culmen de la revelación del inescrutable misterio de Dios. Precisamente entonces se cumplen hasta lo último las palabras pronunciadas en el cenáculo: «Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre.» (Jn 14,9) Efectivamente, Cristo, a quien el Padre «no perdonó» (Rm 8,32) en bien del hombre y que en su pasión así como en el suplicio de la cruz no encontró misericordia humana, en su resurrección ha revelado la plenitud del amor que el Padre nutre por El y, en El, por todos los hombres. «No es un Dios de muertos, sino de vivos.» (Mc 12,27) En su Resurrección, Cristo ha revelado al Dios del Amor misericordioso, precisamente porque ha aceptado la Cruz como vía hacia la resurrección. Por esto –cuando recordamos la cruz de Cristo, su pasión y su muerte- nuestra fe y nuestra esperanza se centran en el resucitado: en Cristo que «la tarde de aquel mismo día, el primero después del sábado... se presentó en medio de ellos» en el cenáculo, «donde estaban los discípulos..., alentó sobre ellos y les dijo: recibid el Espíritu Santo; a quienes perdonéis los pecados les serán perdonados y a quienes los retengáis les serán retenidos.» (Jn 20, 19-23)
Este es el Hijo de Dios que en su resurrección ha experimentado de manera radical en sí mismo la misericordia, es decir, el amor del Padre que es más fuerte que la muerte. Y es también el mismo Cristo, Hijo de Dios, quien al término –y, en cierto sentido, más allá del término- de su misión mesiánica, se revela a sí mismo como fuente inagotable de la misericordia, del mismo amor que, en la perspectiva ulterior de la historia de la salvación en la Iglesia, debe confirmarse perennemente más fuerte que el pecado.


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MEDITAR

Santo toribio de Mogrovejo, obispo


Cuando los jefes religiosos buscaron a Jesús para matarlo, Él los enfrentó con serenidad, pero decidido a cum­plir la voluntad de su Padre. Él sí sabía quién era, de dónde venía y adónde iba; pero le pareció necesario cues­tionar la afirmación de sus opositores de que ellos lo conocían (Juan 7,28). Posiblemente se nos ocurra pregun­tar ¿por qué no reconocieron ellos el poder de Dios que actuaba en Él, o el amor de Dios que se manifestaba en sus palabras? El libro de la Sabiduría nos da una respuesta: “Así piensan los malos, pero se equivocan; su propia maldad los ha vuelto ciegos” (Sabiduría 2,21).

Los detractores de Jesús pensa­ban que conocían al Señor, pero se equivocaban porque el verdadero entendimiento de la Persona de Cristo viene solamente por una revelación. Esta es la esencia de la oración: Buscar humildemente la presencia y la sabi­duría de Dios. Cuando uno reconoce su absoluta necesidad y su condición de pecador, puede presentarse ante el Señor para que el Espíritu Santo le llene el corazón y la mente de la verdad divina, una verdad que nos transforma y nos enseña.

San Agustín, hablando por experiencia propia, explicó la dife­rencia entre conocer algo acerca de Dios con la mente natural y hacerlo mediante una revelación: “Cuando joven, ambicionaba aplicar al estudio de las Sagradas Escrituras todos los refinamientos de la dialéctica. Lo hice, pero sin la humildad de un auténtico buscador. Se suponía que debía tocar a la puerta para que se abriera delante de mí; pero en lugar de eso, yo mismo la estaba cerrando, tratando de entender con arrogancia lo que solamente puede aprenderse con la humildad. Pero el Señor, que es todo misericordia, me levantó y me guardó” (Sermón 51,6).

El Señor quiere levantarnos a todos y susurrarnos palabras de ternura y sabiduría. Ahora que nos encontramos a medio camino en la peregrinación cuaresmal hacia la Pascua, pídale al Espíritu Santo la revelación del cora­zón del Padre y abra los oídos para escuchar la voz de Jesús. Dios quiere darle mucho más: la gracia necesaria para comprender su amor, aceptar la cruz, obedecer su palabra y crecer en santidad.

“Señor mío Jesucristo, quiero conocerte de verdad. Lléname de tu Espíritu Santo, te lo ruego, para que llegue a ser un receptor generoso de tu divina revelación.”

Sabiduría 2,1.12-22,

Salmo 34,17-21.23


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SANTORAL

San Toribio Mogrovejo




Obispo (1538-1606) Toribio, arzobispo de Lima, es uno de los eminentes prelados de la hora de la evangelización. El concilio plenario americano del 1900 lo llamó: "la lumbrera mayor de todo el episcopado americano". Era la hora de llevar la fe cristiana al imperio inca peruano lo mismo que en México se cristianizaba a los aztecas. Nació en Mayorga (Valladolid), el 16 de noviembre de 1538. No se formó en seminarios, ni en colegios exclusivamente eclesiásticos, como era frecuente entonces; Toribio se dedicó de modo particular a los estudios de Derecho, especialmente del Canónico, siendo licenciado en cánones por Santiago de Compostela y continuó luego sus estudios de doctorado en la universidad de Salamanca. También residió y enseñó dos años en Coimbra.

En Diciembre de 1573 fue nombrado por Felipe II para el delicado cargo de presidente de la Inquisición en Granada, y allí continuó hasta 1579; pero ya en agosto de 1578 fue presentado a la sede de Lima y nombrado para ese arzobispado por Gregorio XIII el 16 de marzo de 1579, siendo todavía un brillante jurista, un laico, o sólo clérigo de tonsura, cosa tampoco infrecuente en aquella época. Recibió las órdenes menores y mayores en Granada; la consagración episcopal fue en Sevilla, en agosto de 1579. Llegó al Perú en el 1581, en mayo.

Se distinguió por su celo pastoral con españoles e indios, dando ejemplo de pastor santo y sacrificado, atento al cumplimiento de todos sus deberes. La tarea no era fácil. Se encontraba con una diócesis tan grande como un reino de Europa, con una población nativa india indócil y con unos españoles muy habituados a vivir según sus caprichos y conveniencias. Celebró tres concilios provinciales limenses _el III (1583), el IV (1591) y el V (1601)_; sobresalió por su importancia el III limense, que señaló pautas para el mexicano de 1585 y que en algunas cosas siguió vigente hasta el año 1900. Aprendió el quechua, la lengua nativa, para poder entenderse con los indios.

Se mostró como un perfecto organizador de la diócesis. Reunió trece sínodos diocesanos. Ayudó a su clero dando normas precisas para que no se convirtieran en servidores comisionados de los civiles. Visitó tres veces todo su territorio, confirmando a sus fieles y consolidando la vida cristiana en todas partes. Alguna de sus visitas a la diócesis duró siete años. Prestó muy pacientemente atención especial a la formación de los ya bautizados que vivían como paganos. Llevado de su celo pastoral, publicó el Catecismo en quechua y en castellano; fundó colegios en los que compartían enseñanzas los hijos de los caciques y los de los españoles; levantó hospitales y escuelas de música para facilitar el aprendizaje de la doctrina cristiana, cantando.

No se vio libre de los inevitables roces con las autoridades en puntos de aplicación del Patronato Real en lo eclesiástico; es verdad que siempre se comportó con una dignidad y con unas cualidades humanas y cristianas extraordinarias; pero tuvo que poner en su sitio a los encomenderos, proteger los derechos de los indios y defender los privilegios eclesiásticos. Atendido por uno de sus misioneros, murió en Saña, mientras hacía uno de sus viajes apostólicos, en 1606. Fue beatificado en 1679 y canonizado en 1726.



San José Oriol
Sacerdote ( 1650-1727 ) Hijo de Juan y de Gertrudis que tuvieron siete hijos. Juan murió pronto, con solo treinta y siete años, uno más de los que se llevó la peste de 1651. La madre, con tanta familia, se casó otra vez con Domingo Pujolar, que fue nuevo padre para José, y vino añadiendo un nuevo hijo a los siete de la esposa; pero también este padrastro se murió pronto. José se hizo monaguillo de la comunidad de Santa María del Mar, un empleo que era para pobres; pero aquí aprendió letras y latines hasta que llegó al doctorado.

Quería ser sacerdote pero tuvo dificultades por ser pobre; no bastaba con tener ganas, ciencia y estar dispuesto a la santidad; era preciso, casi una condición necesaria, tener un beneficio que asegurara el pan necesario y lo demás. Menos mal que una vacante en el obispado de Gerona fue remedio, aunque la renta era sólo simbólica: "un escudo de oro de cámara romano" que equivalía a siete pesetas al año. Suficiente para la formalidad.

Detrás había un amigo que suplirá una renta anual. Comienza como preceptor de la familia Gasneri, de origen milanés. Y eso que José Oriol era Doctor en Teología por la universidad civil de Barcelona y había opositado, aunque sin éxito, a la cátedra de Hebreo. Cuidará de Pepito, de siete años y de Paquita que sólo tiene dos. Durará el trabajo diez años haciendo vida con esta familia, pero comiendo solo, porque desde que un día trinchó pavo y por tres veces se la paralizó el brazo, en adelante únicamente comerá y beberá pan y agua.

Con este ayuno ordinario comenzó su reconocida austeridad que le hizo delgado y macilento al tiempo que ganaba en suavidad para preparar la Primera Comunión de los niños. Con bordón, andando y pidiendo limosna por el camino peregrinó a Roma en 1696. Por mediación del cardenal Coloredo, que era oratoriano, el Papa Inocencio XI le concede el beneficio de Santa María del Pino donde sólo hay beneficiados y a su alrededor y detrás de ellos toda una caterva de capellanes, pasionarios y vicarios. Le hicieron "apuntador" y "bolsero" con el encargo de llevar la cuenta de las asistencias a coro y de repartir los dineros correspondientes.

Se le dio mejor el cargo de enfermero. Tuvo como director de su alma a un carmelita y era asiduo lector de san Juan de la Cruz. No tomó jamás las vacaciones que le correspondían por su beneficio y recorría Barcelona a pie. A pie también se quiso ir a misiones, pero no pasó de Marsella donde enfermó, y la Virgen le hizo ver que donde Dios lo quería era en Barcelona.



Beato Metodio Domenico
Metodio nació Trčka Domingo 6 de julio 1886 en Frýdlant nad Ostravicí (ahora República Checa). Último de siete hijos de Františka (Francesca) y Štěrbová Tomas (Thomas) Trčka, fue bautizado al día siguiente.
Oriëntatie para la vida religiosa, en 1902 entró en la Congregación del Santísimo Redentor, profesando votos religiosos 25 de agosto de 1904, después de un año de noviciado. Estudió teología y fue ordenado sacerdote en Praga 17 de julio de 1910, por el Arzobispo Leo Skrbenský.

Costos durante los primeros años de sacerdocio en la pastoral de misiones populares, con domicilio en Praga, en el santuario mariano de Svatá y Hora Plzen. Durante la I ª Guerra Mundial no escatimó las fuerzas para hacer frente en particular los refugiados croatas, eslovenos y rutheni, que no sólo administra los sacramentos y la enseñanza de la catequesis, pero también solicitó la concesión de cualquier necesidad.

Ya durante los años del taller expresaron su deseo de trabajar entre los cristianos del rito oriental, que era capaz de lograr en 1919, cuando, por el Superior Provincial de los Redentoristas de la ciudad de Praga, fue enviado a Lviv, para llevar a cabo el apostolado entre los fieles greco-católicos. En diciembre de 1921 fue enviado a Stropkov en el este de Eslovaquia, en el que, con sus hermanos, fundó la primera comunidad redentorista de rito latino y bizantino. Se convirtió en superior de la comunidad, en 1924, fue una ferviente actividad misionera en los tres eparquías de Prešov, Užhorod Krizevci y proclamar la Palabra de Dios y la fraternidad de la fundación de la "Madre del Perpetuo Socorro y el Santo Rosario."

En 1931, los Redentoristas griego-católicos se trasladó a la nueva casa en Michalovce. P. Metodio fue mayor, hasta julio de 1932, cuando, cansado del trabajo y la construcción de la casa religiosa, volvió a Stropkov, donde, además de la atención, también está involucrada en el trabajo pastoral en la ciudad y las parroquias vecinas. Ya en Michalovce en 1934, en marzo del año siguiente, la Congregación para las Iglesias Orientales, fue nombrado visitante apostólico de la Basiliana Hermanas en Prešov y Užhorod.

Reelegido superior en julio de 1936, sostuvo que trabajo hasta el mes de abril de 1942.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los Redentoristas ª sufrido muchas dificultades por el Estado eslovaco, que sospecha de ellos de la intolerancia y la propaganda contra el Estado. P. Metodio, el principal sospechoso como los anteriores, por el bien de la comunidad pensaron que proceda a dimitir e ir a Ucrania con otros tres hermanos, pero no recibió la autorización del Estado.

Al final de la Segunda Guerra Mundial ª mejora de las relaciones con el Estado, a fin de que los Redentoristas, 21 de diciembre de 1945, erigió canónicamente la Vice Provincia de Michalovce, y 23 de marzo del año siguiente, p. Metodio fue nombrado Vicepresidente primero-arriba.

Con el advenimiento del régimen comunista, sin embargo, en poco tiempo, todo se borra. Fue suprimida en 1949, Vice-Provincia y durante la noche del 13 de abril de 1950, todos los religiosos fueron trasladados a campos de concentración. P. Metodio, que en ese momento estaba en Sabinov, fue trasladado a Podolínec y de aquí en varias ocasiones llevó a la famosa "Mlyn de Leopoldov". Los testimonios de otros presos que afirman proteger a sus hermanos que entiende todas las culpas y responsabilidades, la tortura permanente con serenidad.

Durante el juicio, 12 de abril de 1952, fue acusado de colaboración con el obispo porque Gojdic revelar cartas pastorales y dio información a sus superiores en Praga y Roma a través de ellos. Esto se consideró de alta traición y espionaje contra el Estado. Con estos argumentos y con una falsa historia de un intento de huir al extranjero, p. Metodio fue condenado a 12 años de prisión. Vivió los últimos años en las cárceles de Ilava, Mirove y Leopoldov.

A pesar de la enfermedad, debido a la edad y las duras condiciones de vida, su espíritu sigue siendo fuerte, siempre la esperanza en Dios y en su voluntad. Cuando tuvo la oportunidad no sólo oró, sino también la celebración de la sagrada liturgia.

En abril de 1958 fue trasladado a Leopoldov, considerada una de las más duras prisiones. Durante el período de Navidad, mientras canta una canción religiosa fue escuchado por el poseedor de la prisión y trasladado a la "célula de corrección", las que, debido a las dificultades y la pared e insalubres, está enfermo con neumonía. Un compañero de prisión, que era médico, pidió que la p. Metodio fue llevado en el hospital, pero sólo tiene la transferencia de una celda de aislamiento, que no ofrece ningún tipo de mejora para su salud se ve comprometida. Después de un tiempo en su celda, murió a las 9 am el 23 de marzo de 1959, después de haber perdonado a sus torturadores.

Enterrado en el cementerio de la prisión, en 1969, con la restauración de la iglesia greco-católica, los hermanos fueron capaces de transferir el cuerpo a Michalovce, que actualmente descansa en la iglesia redentorista de "Espíritu Santo".

Metodio Domingo Trčka fue beatificado en Roma por el Siervo de Dios Juan Pablo II, el 4 de noviembre de 2001.





San Victoriano, procónsul de Cartago, y dos hermanos, 484.

San Fidel, mártir, Africa.

San Felipe y otros veinte, Africa.

San Teódulo, sacerdote de Antioquía.

San Benito, monje de Campania, que, habiendo sido encerrado en un horno ardiendo, fue encontrado al día siguiente sin lesión alguna, 550.


San Benito, monje de Campania, que, habiendo sido encerrado en un horno ardiendo, fue encontrado al día siguiente sin lesión alguna, 550.


San Liberato, médico de Cartago, y su esposa, que sufrieron durante la persecución de Hunerico, 484.

Santa Filotea
Santa Filotea, virgen, Nuremberg, 1430. Pobre y bella, consagró a Cristo su virginidad.

Enamorada del celeste esposo, quería también tener pruebas palpables de su amor, y El se las daba: una vez era un lirio que crecía súbitamente en su jardín; otra vez un anillo que un ángel colocaba delante de ella: otra, el mismo Jesús se le presentaba en la figura de un niño, que se dejaba abrazar por Filotea.




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 Asunto: Re: EL PAN DIARIO AÑO 2012
NotaPublicado: Vie Mar 23, 2012 9:14 am 
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Cuando visitas una ciudad, quizás lo primero que captura tu atención, sean las grandes construcciones y su estilo arquitectónico. O eres tal vez, una persona que admira los monumentos históricos y las galerías de arte. Quizás te cautivan sus plazas arboladas o el lago que se deja ver entre los cerros. Es probable también que te llame la atención su gente y todo lo que proyectan a su paso. Las fábricas, tal vez sean para ti, un medidor del progreso de ese lugar. Indudablemente, así como cada ciudad tiene su encanto y hasta sus facetas negativas, cada persona que la visita, tiene también su propia opinión y sentir al respecto.

Yo me pregunto, cuál sería mi reacción al visitar ciudades como Hollywood, Las Vegas y hasta ¡la misma Jerusalém! ¿Qué llamaría mi atención en cada una de ellas? Creo que por la vena artística que tengo, al entrar en la capital mundial del espectáculo, no podría evitar que se me escape alguna lágrima. Me imagino recorrer las calles, donde se han filmado infinidad de películas; las fachadas construidas para emular la Casa Blanca, o ¡algún castillo! Sin lugar a dudas, me invadiría una emoción especial, al recorrer esa ciudad. Me pregunto también, si al entrar a Las Vegas, capital del vicio, la lujuria y la anarquía, sería capaz de llorar como lo hizo Jesús, ¡aún antes de entrar a Jerusalém!.” Y cuando llegó cerca y vio la ciudad, lloró sobre ella” (Lucas 19:41)

Es que mientras todos miramos y admiramos el paisaje y cosas superfluas, Jesús mira la llaga social; la miseria, encerrada entre unos muros que se yerguen como mudos testigos de lo que acontece allí dentro de la ciudad. Cuenta el relato bíblico, en (Lucas 19:37) que los discípulos estaban bajando a una fiesta, donde se suponía que todo era bullicio y algarabía. Ellos no entendieron por qué el Maestro lloraba. Jesús no era un sensiblero que se la pasaba llorando. Las veces que Jesús lloró, era porque algo le conmovía en su espíritu. El lloró por el pecado y la indiferencia que reinaban en Jerusalém. La hipocresía de los fariseos, la idolatría, la indolencia, la prostitución, y toda forma de pecado que laceraba el alma y el cuerpo de los habitantes de una Jerusalém, acostumbrada a ese estilo de vida; ¡muy cauterizada, como para sentir algo por los suyos!. Cuando Pablo visitó Atenas, no fue indiferente a lo que allí ocurría; (Hechos 17:16) dice que su espíritu se enardecía al ver a la ciudad entregada a la idolatría

Los misioneros, somos enviados para trabajar, a diferentes ciudades. A veces vamos con algún conocimiento previo del lugar, pero otras veces, vamos a tientas y a ciegas. Solamente movidos por la obediencia, y la pasión por servir a Dios, ¡deseosos de ganar almas para Cristo! Hacemos planes y proyectos; creamos estrategias, y hasta confeccionamos los planos para edificar templos. Todo eso está bueno, pero amados, tomémonos el tiempo de observar, de reconocer la tierra que habremos de conquistar. Necesitamos ver de la manera como ve el Señor; ¡con los ojos espirituales!. Reconocer las llagas sociales, para ponerles remedio; ver las carencias para suplirlas, sean estas espirituales, físicas, materiales o emocionales. ¡No seamos indiferentes! Ayunemos, oremos y derramemos lágrimas de intercesión delante de Dios por nuestra ciudad. El no solo nos dará las estrategias para salir vencedores en la conquista de ese territorio, sino que además nos suplirá todo lo que nos falte, conforme a las riquezas en Gloria en Cristo Jesús (Filipenses 4:19)

El último rey de Alhambra, al contemplar su ciudad amada, lloró amargamente. Su madre le dijo:“Lloras como una mujer, lo que no supiste defender como hombre”..Indudablemente, el jefe moro ¡no había sabido llorar a tiempo! ¿lo harás tú?…¿Llorarás por tu ciudad?…

¡Jesús lloró!



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 Asunto: Re: EL PAN DIARIO AÑO 2012
NotaPublicado: Vie Mar 23, 2012 9:18 am 
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MEDITACION CRISTIANA 3: DIOS-BRAHMA KUMARIS

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 Asunto: Re: EL PAN DIARIO AÑO 2012
NotaPublicado: Sab Mar 24, 2012 2:31 pm 
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Evangelio del 24 de marzo del 2012









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Comentario: Abbé Fernand ARÉVALO (Bruselas, Bélgica)
«Jamás un hombre ha hablado como habla ese hombre»
Hoy el Evangelio nos presenta las diferentes reacciones que producían las palabras de nuestro Señor. No nos ofrece este texto de Juan ninguna palabra del Maestro, pero sí las consecuencias de lo que Él decía. Unos pensaban que era un profeta; otros decían «Éste es el Cristo» (Jn 7,41).

Verdaderamente, Jesucristo es ese “signo de contradicción” que Simeón había anunciado a María (cf. Lc 2,34). Jesús no dejaba indiferentes a quienes le escuchaban, hasta el punto de que en esta ocasión y en muchas otras «se originó, pues, una disensión entre la gente por causa de Él» (Jn 7,43). La respuesta de los guardias, que pretendían detener al Señor, centra la cuestión y nos muestra la fuerza de las palabras de Cristo: «Jamás un hombre ha hablado como habla ese hombre» (Jn 7,46). Es como decir: sus palabras son diferentes; no son palabras huecas, llenas de soberbia y falsedad. El es “la Verdad” y su modo de decir refleja este hecho.

Y si esto sucedía con relación a sus oyentes, con mayor razón sus obras provocaban muchas veces el asombro, la admiración; y, también, la crítica, la murmuración, el odio... Jesucristo hablaba el “lenguaje de la caridad”: sus obras y sus palabras manifestaban el profundo amor que sentía hacía todos los hombres, especialmente hacia los más necesitados.

Hoy como entonces, los cristianos somos —hemos de ser— “signo de contradicción”, porque hablamos y actuamos no como los demás. Nosotros, imitando y siguiendo a Jesucristo, hemos de emplear igualmente “el lenguaje de la caridad y del cariño”, lenguaje necesario que, en definitiva, todos son capaces de comprender. Como escribió el Santo Padre Benedicto XVI en su encíclica Deus caritas est, «el amor —caritas— siempre será necesario, incluso en la sociedad más justa (...). Quien intenta desentenderse del amor se dispone a desentenderse del hombre en cuanto hombre».




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Comentario: Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)
«Jamás un hombre ha hablado como habla ese hombre»
Hoy notamos cómo se “complica” el ambiente alrededor del Señor, pocos días antes de la Pasión ocurrida en Jerusalén. Por causa de Él se genera como una suerte de discusión y controversia. No podía ser de otro modo: «¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? Os digo que no, sino división» (Lc 12,51).

Y no es que el Redentor desee la controversia y la división, sino que ante Dios no valen las “medias tintas”: «Quien no está conmigo, está contra mí; y quien no recoge conmigo, desparrama» (Lc 11,23). ¡Es inevitable! Ante Él no hay ninguna postura neutra: o existe, o no existe; es mi Señor, o no es mi Señor. No es posible servir a dos señores a la vez (cf. Mt 6,24).

Juan Pablo II consideraba que ante Dios hay que optar. La fe sencilla que nuestro buen Dios nos pide implica una opción. Hay que optar porque Él no se nos quiere imponer; vino a la Tierra de manera discreta; murió empequeñecido, sin hacer alarde de su condición divina (Flp 2,6). Es lo que expresa maravillosamente santo Tomás de Aquino en el Adoro Te devote: «En la cruz se escondía sólo la divinidad, aquí [en la Eucaristía] se esconde también la humanidad».

¡Hay que optar! Dios no se impone; se ofrece. Y queda para nosotros la decisión de optar a favor de Él o de no hacerlo. Es una cuestión personal que cada uno —con la ayuda del Espíritu Santo— ha de resolver. De nada sirven los milagros, si las disposiciones del hombre no son de humildad y de sencillez. Ante los mismos hechos, vemos a los judíos divididos. Y es que en cuestiones de amor no se puede dar una respuesta tibia, a medias: la vocación cristiana comporta una respuesta radical, tan radical como fue el testimonio de entrega y obediencia de Cristo en la Cruz.




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MEDITAR

Santa Catalina de Suecia


Si escuchan hoy su voz, no endurezcan su corazón. (Aclamación al Evangelio)

¡Jesús causaba controversia! Sus palabras y acciones obligaban a todos a definirse acerca de su identidad. Hasta los soldados enviados a arres­tarlo dijeron: “¡Jamás ningún hombre ha hablado así!” (Juan 7,46). Algunos pensaban que Jesús era el gran pro­feta, como Moisés, cuya venida estaba anunciada en el Pentateuco, y que libraría al pueblo por el poder de la Palabra de Dios (Deuteronomio 18,15­18; Juan 7,40).

Otros creían que Jesús era el Mesías, pero había muchos que lo negaban, porque se había predicho que el Mesías vendría de Belén y todos creían que Jesús venía de Nazaret (Miqueas 5,2; Juan 7,41). Esta fue una de las razones que dieron los fari­seos y los jefes de los sacerdotes para insistir en que Jesús no era el Mesías, y de esta manera crecía su increduli­dad, que brotaba de la dureza de su corazón.

Los milagros de Jesús, como la curación de paralítico (Juan 5,2-9), la multiplicación de los panes (Juan 6,1­14) y su predicación convencieron a gran parte de los oyentes y muchos creyeron. Pero otros, incluso la mayo­ría de los jefes religiosos, tenían el corazón duro; no podían escuchar la voz de Dios en Jesús, ni ver el poder divino en sus milagros. Vieron y oye­ron, pero no entendieron ni quisieron pensar siquiera en la posibilidad de que Jesús fuera realmente el Mesías.

Por nuestra parte, tenemos que estar conscientes de que es preciso hacer dos cosas: Primero, escuchar la voz del Señor y, segundo, no endurecer el corazón. Invitamos, pues, a nuestros lectores a adoptar, en este tiempo de Cuaresma, unas prácticas espirituales que son útiles para escuchar la voz del Señor con el corazón abierto:

Dedicar 10 minutos al día a orar en privado, alabar a Dios y escuchar su inspiración; hacerse un diario exa­men de conciencia, arrepentirse de los pecados y pedirle al Espíritu Santo que nos ayude a cambiar; dedicar unos 10 minutos al día a leer la Sagrada Escritura; leer también libros espiritua­les y participar en la vida sacramental y comunitaria de la iglesia.

“Amado Jesús, te rogamos que nos infundas tu gracia para creer cada vez más en Ti y saber que Tú eres el único Salvador y Señor de toda la Creación.”

Jeremías 11,18-20,

Salmo 7,2-3.9-12





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SANTORAL

Santa Catalina de Suecia

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Abadesa (c.a. 1331-1381) A Catalina de Suecia o de Vadstena nació alrededor del año1331 del matrimonio formado por el príncipe Ulf Gudmarsson y Brigitta Birgesdotter; fue la cuarta de ocho hermanos. La educaron, como era frecuente en la época, al calor del monasterio; en este caso lo hicieron las monjas de Riseberga.

Contrajo matrimonio con el buen conde Egar Lyderson van Kyren y ambos influyeron muy positivamente en los ambientes nobles plagados de costumbres frívolas y profanas. En el año 1373, muere en Roma Brígida y Catalina da sepultura provisional en la Ciudad Eterna al cadáver de su madre en la iglesia de san Lorenzo. El traslado del cuerpo en cortejo fúnebre hasta Suecia es una continua actividad misionera por donde pasa. Catalina habla de la misericordia de Dios que espera siempre la conversión de los pecadores; va contando las revelaciones y predicciones que Dios hizo a su santa madre.

Söderkoping es el lugar patrio que recibe la procesión en 1374 como si fuera un acto triunfal. Se relatan conversiones y milagros que se suceden hasta depositar los restos en el monasterio de Vadstena, donde entra y se queda Catalina, practicando la regla que vivió durante veinticinco años con su madre. Un segundo viaje a Roma durará cinco años; tendrá como meta la puesta en marcha del proceso de canonización de la futura santa Brígida y la aprobación de la Orden del Santísimo Salvador. A su regreso a Vadstena, muere el 24 de marzo de 1381.



Santa Joaquina
Fundadora. Año 1854 Joaquina significa: "Dios dispondrá". Esta es una santa que duró casada hasta los 33 años. Tuvo ocho hijos y bastantes nietos. A los 47 años fundó la Comunidad del as hermanas Carmelitas de la Caridad, y al morir a los 61 años había fundado conventos, escuelas y hospitales en diversos sitios de España. Nació en Barcelona, España, en 1773.

Su padre, Don Lorenzo de Vedruna, era rico y alto empleado del gobierno. Su familia era muy católica. La niña desde muy pequeña tuvo mucha devoción al Niño Jesús y a las benditas almas. Algo que la caracterizó desde sus primeros años fue un gran amor a la limpieza. No toleraba ninguna mancha de mugre en sus vestidos. Y esto la fue llevando a no tolerar tampoco mancas de pecado en su alma. A los doce años sintió un gran deseo de ser religiosa carmelita.

Pero las monjitas no la aceptaron porque les parecía muy niña todavía para decidirse por la vocación religiosa. A los 26 años, en 1799, contrae matrimonio con un rico hacendado, don Teodoro de Mas, muy amigo de su padre, y empleado oficial como él. Teodoro estimaba mucho a loas tres hijas de Don Lorenzo y para decidirse por una de ellas les llevó un pequeño paquetico de dulces de regalo. Las dos primeras lo rechazaron como un regalo demasiado infantil, pero Joaquina lo aceptó con alegría exclamando: "Me encantan las almendras".

Este gesto de humildad decidió al joven a elegirla como esposa. Al principio de su matrimonio sentía a veces serios escrúpulos por no haber seguido la vocación de religiosa que de niña tanto le llamaba la atención, pero su esposo la consolaba diciéndole que en la vida de hogar se puede llegar a tan alta santidad como en un convento y que con sus buenas obras de piedad iría reemplazando las que iba a hacer en la vida religiosa. Esto la tranquilizó. 16 años vivió con su esposo, y Dios le regaló ocho hijos. Y como premio a su sacrificios, cuatro hijas se hicieron religiosas, y varias de sus nietas también.

Cuando Napoleón invadió España; el esposo de Joaquina se fue al ejército a defender la patria y participó valerosamente en cinco batallas contra los invasores. Joaquina y sus niños tuvieron que abandonar la ciudad de Barcelona y huir hacia la pequeña ciudad de Vich. Cuando Joaquina y sus hijos andaban por la llanura huyendo, de pronto apareció una misteriosa señora y la condujo hasta Vich a casa de una familia muy buena, que los recibió con gran cariño.

Enseguida la Señora desapareció y nadie pudo dar razón de ella. Joaquina creyó siempre que fue la Sma. Virgen quien llegó a auxiliarla. Un día mientras estaba rodeada de su familia, le pareció oír una voz que le decía: "Pronto te vas a quedar viuda". Ella se preparó a aceptar la voluntad de Dios, y a los dos meses, aunque su esposo gozaba de buena salud, y apenas tenía 42 años, murió imprevistamente. Joaquina quedaba viuda a los 33 años, y encargada de ocho hijitos.

Desde aquel día dejó todos sus vestidos de señora rica. Y se dedicó por completo a ayudar a los pobres y a asistir a los enfermos en los hospitales. Al principio la gente creía que se había vuelto loca por la tristeza de la muerte de su esposo, pero pronto se dieron cuenta de que lo que se estaba volviendo era una gran santa. Y admiraban su generosidad con los necesitados. Ella vivía como la gente más pobre, pero todas sus energías eran para ayudar a los que padecían miseria o enfermedad. Durante diez años estuvo dedicada a penitencias, muchas oraciones y continuas obras de caridad, pidiéndole a Dios que le iluminara lo que más le convenía hacer para el futuro.

Cuatro de sus hijas se fueron de religiosas y los otros cuatro hijos se fueron casando, y al fin ella quedó libre de toda responsabilidad hogareña. Ahora iba a poder realizar su gran deseo de cuando era niña: ser religiosa. Se encontró providencialmente con un sacerdote muy santo, el Padre Esteban, capuchino, el cual le dijo que Dios la tenía destinada para fundar una comunidad de religiosas dedicada a la vida activa de apostolado. El sabio Padre Esteban redacta las constituciones de la nueva comunidad, y en 1826, ante el Sr. Obispo de Vich, que las apoya totalmente, empieza con ocho jovencitas su nueva comunidad a la cual le pone el nombre de "Carmelitas de la Caridad". Pronto ya las religiosas son trece y más tarde cien.

Su comunidad, como el granito de mostaza, empieza siendo muy pequeña, y llega a ser un gran árbol lleno de buenos frutos. Ella va fundando casas de religiosas por toda la provincia. Tuvo Santa Joaquina la dicha de encontrarse también con el gran apóstol San Antonio María Claret cuyos consejos le fueron de gran provecho para el progreso de su nueva congregación. Vino luego la guerra civil llamada "Guerra Carlista" y nuestra santa, perseguida por los izquierdistas, tuvo que huir a Francia donde estuvo desterrada por tres años.

Allí recibió la ayuda muy oportuna de un joven misteriosos que ella creyó siempre haber sido San Miguel Arcángel, y Dios le preparó en estas tierras a una familia española que la trató con verdadera caridad. Al volver a España, quizás como fruto de los sufrimientos padecidos y de tantas oraciones, empezó a crecer admirablemente su comunidad y las casas se fueron multiplicando como verdadera bendición de Dios. En 1850 empezó a sentir los primeros síntomas de la parálisis que la iba a inmovilizar por completo. Aconsejada por el Vicario Episcopal renunció a todos sus cargos y se dedicó a vivir humildemente como una religiosa sin puesto ninguno.

Aunque conservaba plenamente sus cualidades mentales, sin embargo dejó a otras personas que dirigieran la Congregación. Dios le suscitó un nuevo y santo director para su comunidad, el Padre Bernardo Sala, benedictino, quien se propuso dirigir a las religiosas según el espíritu de la santa fundadora. Durante cuatro años la parálisis se fue extendiendo y la fue inmovilizando por completo hasta quitarle también el habla. Vino luego una epidemia de cólera, la cual acabó con su vida y el 28 de agosto de 1854 pasó santamente a la eternidad. Antes había tenido el gusto de ver aprobada su Comunidad religiosa por la Santa Iglesia en 1850. Y desde entonces ha venido ayudando de manera prodigiosa a sus religiosas que se han extendido por muchos países.

La Comunidad de Carmelitas de la Caridad tiene ahora 290 casas en el mundo con 2,724 religiosas. 40,079 niñas son educadas en sus colegios y 4,443 personas soln atendidas en sus hospitales. Fue declarada santa por el Papa Juan XXIII en 1959 (siendo ella la primera persona que canonizó este Pontífice). Santa Joaquina: sin hacer milagros en vida, y siendo una sencilla madre de familia, una esposa afectuosa, y una mujer que tuvo que sufrir mucho en la tierra, y que dedicó sus grandes energías en ayudar a los necesitados, sea para nosotros un modelo para imitar, y una poderosa protectora que ruegue por nuestra santificación y la salvación.

Que Dios nos mande muchas santas como ésta, muchas Joaquinas más..






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oremos



Tú, Señor, que concediste a Santa Catalina el don de imitar con fidelidad a Cristo pobre y humilde, concédenos también a nosotros, por intercesión de esta santa, la gracia de que, viviendo fielmente nuestra vocación, tendamos hacia la perfección que nos propones en la persona de tu Hijo. Que vive y reina contigo.







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Calendario de Fiestas Marianas: Víspera de la Anunciación instituída por Gregorio II.



Beato Diego José de Cádiz
Treinta años de activísima vida misionera no caben en unas páginas. No es posible reducir a tan breve síntesis la labor de este apóstol capuchino, que, siempre a pie, recorrió innumerables veces Andalucía entera en todas direcciones; que se dirigió después a Aranjuez y Madrid, sin dejar de misionar a su paso por los pueblos de la Mancha y de Toledo; que emprendió más tarde un largo viaje desde Roma hasta Barcelona, predicando a la ida por Castilla la Nueva y Aragón, y a la vuelta por todo Levante; que salió, aunque ya enfermo, de Sevilla y, atravesando Extremadura y Portugal, llegó hasta Galicia y Asturias, regresando por León y Salamanca.

Pero hay que recordar, además, que en sus misiones hablaba varias horas al día a muchedumbres de cuarenta y aun de sesenta mil almas (y al aire libre, porque nuestras más gigantescas catedrales eran insuficientes para cobijar a tantos millares de personas, que anhelaban oírle como a un «enviado de Dios»); que tuvo por oyentes de su apostólica palabra, avalada siempre por la santidad de su vida, a los príncipes y cortesanos por un lado y a los humildes campesinos por otro, a los intelectuales y universitarios y a las clases más populares, al clero en todas sus categorías y a los ejércitos de mar y tierra, a los ayuntamientos y cabildos eclesiásticos y a los simples comerciantes e industriales y aun a los reclusos de las cárceles; que intervino con su consejo personal y con su palabra escrita, bien por dictámenes más o menos públicos, bien por su casi infinita correspondencia epistolar, en los principales asuntos de su época y en la dirección de muchas conciencias; que escribió tal cantidad de sermones, de obras ascéticas y devocionales, que, reunidas, formarían un buen número de volúmenes; que caminaba siempre a pie, con el cuerpo cubierto por áspero cilicio, pero alimentando su alma con varias horas de oración mental al día; y que, si le seguía un cortejo de milagros y de conversiones ruidosas, también supo de otro cortejo doloroso de ingratitudes, de incomprensiones y aun de persecuciones, hasta morir envuelto en un denigrante proceso inquisitorial.

¿Cómo describir, siquiera someramente, tan inmensa labor? La amplitud portentosa de aquella vida, tan extraordinariamente rica de historia y de fecundidad espiritual, durante los últimos treinta años del siglo XVIII, a lo largo y ancho de la geografía peninsular, se resiste a toda síntesis. Sólo de la Virgen Santísima, a la que especialmente veneraba bajo los títulos de Pastora de las almas y de la paz, predicó más de cinco mil sermones. Y seguramente pasaron de veinte mil los que predicó en su vida de misiones, las cuales duraban diez, quince y aun veinte días en cada ciudad.

La misión concreta de su vida y el porqué de su existencia podría resumirse en esta sola frase: fue el enviado de Dios a la España oficial de fines de aquel siglo y el auténtico misionero del pueblo español en el atardecer de nuestro Imperio.

Nuestros intelectuales de entonces y las clases directoras, con el consentimiento y aun con el apoyo de los gobernantes, abrían las puertas del alma española a la revolución que nos venía de allende el Pirineo, disfrazada de «ilustración», de maneras galantes, de teorías realistas. Todo ello producía, arriba, la «pérdida de Dios» en las inteligencias. Luego vendría la «pérdida de Dios» en las costumbres del pueblo. Aquella invasión de ideas sería precursora de la invasión de armas napoleónicas que vendría después.

No todos vieron a dónde iban a parar aquellas tendencias ni cuáles serían sus funestos resultados. Pero fray Diego los vio con intuición penetrante –y mejor diríamos profética–, ya desde sus primeros años de sacerdocio. Por eso escribía: «¡Qué ansias de ser santo, para con la oración aplacar a Dios y sostener a la Iglesia santa! ¡Qué deseo de salir al público, para, a cara descubierta, hacer frente a los libertinos!... ¡Qué ardor para derramar mi sangre en defensa de lo que hasta ahora hemos creído!»

Dios le había escogido para hacerle el nuevo apóstol de España, y su director espiritual se lo inculcaba repetidas veces: «Fray Diego misionero es un legítimo enviado de Dios a España». Y convencido de ello, el santo capuchino se dirige a las clases rectoras y a las masas populares. Entre la España tradicional que se derrumba y la España revolucionaria que pronto va a nacer, él toma sus posiciones, que son: ponerse al servicio de la fe y de la patria y presentar la batalla a la «ilustración». Había que evitar esa «pérdida de Dios» en las inteligencias y fortalecer la austeridad de costumbres en la masa popular. Y cuando vio rechazada su misión por la España oficial (¡cuánta parte tuvieron en ello Floridablanca, Campomanes y Godoy...!), se dirigió únicamente al auténtico pueblo español, con el fin de prepararle para los días difíciles que se avecinaban.

En su misión de Aranjuez y Madrid (1783) el Beato se dirigió a la corte. Pero los ministros del rey impidieron solapadamente que la corte oyera la llamada de Dios. Intentó también fray Diego traer al buen camino a la vanidosa María Luisa de Parma, esposa de Carlos IV. Pero, convencido más tarde de que nada podía esperar, sobre todo cuando Godoy llegó a privado insustituible de Palacio, el santo misionero rompió definitivamente con la corte, llegando a escribir, más tarde, con motivo de un viaje de los reyes a Sevilla: «No quiero que los reyes se acuerden de mí».

Para cumplir fielmente su misión, el Beato recibió de Dios carismas extraordinarios, que podríamos recapitular en estos tres epígrafes: comunicaciones místicas que lo sostuvieran en su empresa, don de profecía y multiplicación continua de visibles milagros.

Pero Dios no se lo dio todo hecho. Hay quienes, conociéndole sólo superficialmente, no ven en él más que al misionero del pueblo que predica con celo de apóstol, acentos de profeta y milagros de santo. Pero junto al orador, al santo, al profeta y al apóstol, aparece también a cada momento el hombre. También él siente las acometidas de la tentación carnal; también él se apoca y sufre cuando se le presenta la contradicción; también él experimenta dificultades y desganas para cumplir su misión; y aun sólo «a costa de estudio y de trabajo» –dice él– logra escribir lo que escribe. Y a pesar de todo, nada de «tremendismo» en su predicación, como no fuera en contados momentos, cuando el impulso divino le arrebata a ello. Y así, mientras otros piden a Dios el remedio de los pueblos por medio de un castigo misericordioso, «yo lo pido –escribe– por medio de una misericordia sin castigo». Y no se olvide que vivió en los peores tiempos del rigorismo. ¿Y cómo no iba a ser así, si él fue siempre, como buen franciscano y neto andaluz, santamente humano y alegre, ameno en sus conversaciones y gracioso hasta en los milagros que hacía?

Pero el celo de la gloria de Dios y el bien de las almas le dominaron de suerte que ello solo explica aquel perfecto dominio de sus debilidades humanas, aquella actividad pasmosa, lo mismo predicando que escribiendo, y aquel idear disparates: como el deseo de no morir, para seguir siempre misionando; o el de misionar entre los bienaventurados del cielo o los condenados del infierno; o el de marcharse a Francia, cuando tuvo noticias de los sucesos de París en 1793, para reducir a buen camino a los libertinos y forajidos de la Revolución Francesa.

Dícese de Napoleón que, desterrado ya en Santa Elena, exclamaba recordando sus victorias y su derrota definitiva: «La desgraciada guerra de España es la que me ha derribado». Pero esta guerra no la vencieron nuestros reyes ni nuestros intelectuales; la venció aquel pueblo que había recibido con sumisión y fidelidad las enseñanzas del «enviado de Dios». Este pueblo, fiel a la misión de fray Diego, no traicionó a su fe ni a su patria; los intelectuales y gobernantes, que habían rechazado esa misión, traicionaron a su patria, porque ya habían traicionado a su fe.

Sólo Dios puede medir y valorar –como sólo Él los puede premiar– los frutos que produjo la constante y difícil, fecunda y apostólica actividad misionera del Beato Diego José de Cádiz. Describiendo él su vocación religiosa decía: «Todo mi afán era ser capuchino, para ser misionero y santo». Y lo fue. Realizó a maravilla este triple ideal. Su vida fue un don que Dios concedió a España a fines del XVIII. Por la gracia de Dios y sus propios méritos, fray Diego fue capuchino, misionero y santo.

Serafín de Ausejo, O.F.M.Cap.,
Beato Diego José de Cádiz, en Año Cristiano, Tomo I,
Madrid, Ed. Católica (BAC 182), 1959, pp. 684- 687



Beata Maria Karłowska
Fundadora de la Congregación
de Hermanas Pastorcitas de la Divina Providencia
En el lugar de Pniewite, junto a Gdansk, en Polonia, beata María Karlowska, virgen, que instituyó la Congregación de Hermanas del Divino Pastor de la Divina Providencia, cuya finalidad era que recuperasen la dignidad de hijas de Dios las jóvenes y mujeres pobres caídas en la corrupción de costumbres (1935).

Nació el 4 de Septiembre de 1865 en Karlawo, Polonia.
Desempeñó una actividad de auténtica samaritana entre las mujeres que sufrían una gran miseria material y moral.

Su santo celo atrajo en seguida a un grupo de discípulas de Cristo, con quienes fundó la Congregación de las religiosas Pastorcitas de la Divina Providencia.

Estableció para ella y para sus religiosas la siguiente finalidad: «Debemos anunciar el Corazón de Jesús, es decir, vivir de él y en él y para él, de modo que lleguemos a ser semejantes a él y que él sea más visible en nuestra vida que nosotras mismas».

Su entrega al Sagrado Corazón del Salvador dio como fruto un gran amor a los hombres. Sentía una insaciable hambre de amor. Según la beata María Karłowska, un amor de este tipo nunca dirá basta, nunca se detendrá en el camino. Era precisamente esto lo que le sucedía, porque estaba impulsada por la corriente del amor del divino Paráclito. Gracias a ese amor, devolvió a muchas almas la luz de Cristo y les ayudó a recuperar la dignidad perdida.

Murió el 24 de Marzo de 1935 en Pniewita, Polonia.

Fue beatificada por Su Santidad Juan Pablo II el 6 de Junio de 1997 en misa solemne efectuada en Zakapane, Polonia.




Santos Marco y Timoteo, mártires, Roma, s. II.

Santos Timoteo, Dionisio, Pausidio, Rómulo, Alejandro, Agapio y otro Dionisio, mártires, Cesarea de Palestina, 303.


Santos Rómulo y Secundo, hermanos, mártires, Mauritania, 304.

San Simeón, mártir, Trento, 1475. Fue crucificado cuando tenía tres años, un Viernes Santo, por los judíos, que quisieron de este modo conmemorar la Pasión de Cristo


San Agapito, obispo de Sinnade, en Frigia, s. III.

San Latino, obispo de Brescia, s. I.


Santa Hildelita, virgen y abadesa de Berkinge, cerca de Londres. 720.


San Guillermo de Norwich, 1137.




San Lorenzo de Brindisi

Queridos hermanos y hermanas,

recuerdo aún con alegría la acogida festiva que se me reservó en 2008 en Brindisi, la ciudad que en 1559 vio nacer a un insigne doctor de la Iglesia, san Lorenzo de Brindisi, nombre que Giulio Cesare Rossi asumió al entrar en la Orden de los Capuchinos. Desde la infancia fue atraído por la familia de san Francisco de Asís. De hecho, huérfano de padre a los siete años, fue confiado por la madre a los cuidados de los frailes Conventuales de su ciudad. Algunos años después, sin embargo, se trasladó con su madre a Venecia, y precisamente en el Véneto conoció a los Capuchinos, que en aquella época se habían puesto generosamente al servicio de toda la Iglesia, para incrementar la gran reforma espiritual promovida por el Concilio de Trento. En 1575 Lorenzo, con la profesión religiosa, se convirtió en fraile capuchino, y en 1582 fue ordenado sacerdote. Ya durante los estudios eclesiásticos mostró las eminentes cualidades intelectuales de las que había sido dotado. Aprendió fácilmente las lenguas antiguas, entre ellas el griego, el hebreo y el sirio, y las modernas como el francés y el alemán, que se unían al conocimiento de la lengua italiana y al de la latina, que en esa época se hablaba con fluidez entre los eclesiásticos y los hombres de cultura.

Gracias al dominio de muchos idiomas, Lorenzo pudo llevar a cabo un intenso apostolado hacia diversas categorías de personas. Predicador eficaz, conocía de modo profundo no sólo la Biblia, sino también la literatura rabínica, que los propios Rabinos se quedaban asombrados y admirados, manifestándole estima y respeto. Teólogo versado en la Sagrada Escritura y en los Padres de la Iglesia, era capaz de ilustrar de modo ejemplar la doctrina católica también a los cristianos que, sobre todo en Alemania, se habían adherido a la Reforma. Con su exposición clara y tranquila, mostraba el fundamento bíblico y patrístico de todos los artículos de fe puestos en discusión por Martín Lutero. Entre estos, la primacía de san Pedro y de sus sucesores, el origen divino del Episcopado, la justificación como transformación interior del hombre, la necesidad de las obras buenas para la salvación. El éxito que gozó Lorenzo nos ayuda a comprender que también hoy, llevando hacia adelante el diálogo ecuménico con tanta esperanza y la confrontación con las Sagradas Escrituras, leídas según la Tradición de la Iglesia, constituyen un elemento irrenunciable y de fundamental importancia, como he querido recordar en la Exhortación Apostólica Verbum Domini (n.46).

También los fieles más sencillos, no dotados de gran cultura, se beneficiaron de las palabras convincentes de Lorenzo, que se dirigía a la gente humilde para exhortar a todos a la coherencia de la propia vida con la fe profesada. Esto fue un gran mérito de los Capuchinos y de otras órdenes religiosas, que en los siglos XVI y XVII, contribuyeron a la renovación de la vida cristiana penetrando en profundidad en la sociedad con su testimonio de vida y sus enseñanzas. También hoy, la nueva evangelización necesita apóstoles bien preparados, con celo y valientes, para que la luz y la belleza del Evangelio prevalezcan sobre las tendencias culturales del relativismo ético y de la indiferencia religiosa, y transformen los distintos modos de pensar y de actuar en un auténtico humanismo cristiano. Es sorprendente que san Lorenzo de Brindisi pudiera desarrollar ininterrumpidamente esta actividad de apreciado e infatigable predicador en muchas ciudades de Italia y en distintos países, no obstante realizara encargos importantes y de gran responsabilidad. Dentro de la Orden de los Capuchinos, de hecho, fue profesor de teología, maestro de novicios, muchas veces ministro provincial y consejero general y, finalmente ministro general del 1602 al 1605.

En medio de tantos trabajos, Lorenzo cultivó una vida espiritual de fervor excepcional, dedicando mucho tiempo a la oración y de modo especial a la celebración de la Santa Misa, que a menudo conllevaba horas, entendiendo y conmoviéndose con el memorial de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.

En la escuela de los santos, todo presbítero, como ha menudo se ha subrayado durante el reciente Año Sacerdotal, puede evitar el peligro del activismo, de actuar, es decir, olvidando las motivaciones profundas del ministerio, solamente si cuida su propia vida interior. Hablando a los sacerdotes y a los seminaristas en la catedral de Brindisi, ciudad natal de san Lorenzo, he recordado que “el momento de la oración es el más importante en la vida del sacerdote, es en el que actúa con más eficacia la gracia divina, fecundando su ministerio. Rezar es el primer servicio que hay que ofrecer a la comunidad. Y por esto, los momentos de oración deben tener en nuestra vida una verdadera prioridad.. Si no estamos interiormente en comunión con Dios, no podemos dar nada a los demás. Por esto Dios es la primera prioridad. Debemos reservar siempre el tiempo necesario para estar en comunión de oración con nuestro Señor”. Por lo demás, con el ardor inconfundible de su estilo, Lorenzo exhorta a todos, no sólo a los sacerdotes, a cultivar la vida de oración porque por medio de esta nosotros hablamos a Dios y Dios nos habla a nosotros: “¡Oh, si tuviésemos en cuenta esta realidad! -exclama- Es decir que Dios está de verdad presente ante nosotros cuando le hablamos rezando; que escucha verdaderamente nuestra oración, aunque si solo rezamos con el corazón y con la mente. Y no sólo está presente y nos escucha, sino que puede y desea contestar voluntariamente y con máximo placer nuestras preguntas”.

Otro detalle que caracteriza la obra de este hijo de San Francisco es su actuación por la paz. Sea los Sumos Pontífices que los príncipes católicos le confiaron repetidamente importantes misiones diplomáticas para dirimir controversias y favorecer la concordia entre los Estados Europeos, amenazados en aquel tiempo por el Imperio otomano. La autoridad moral que tenía lo hacía ser considerado consejero solicitado y escuchado. Hoy, como en los tiempos de San Lorenzo, el mundo tiene necesidad de hombres y mujeres pacíficos y pacificadores. Todos los que creen en Dios deben ser siempre fuentes y constructores de paz. Fue en ocasión de una de estas misiones diplomáticas cuando Lorenzo terminó su vida terrena, en 1619 en Lisboa, donde había ido a encontrarse con el rey de España, Felipe III, para defender la causa de sus súbditos napolitanos acosados por las autoridades locales.

Fue canonizado en 1881 y, con motivo de su vigorosa e intensa actividad, de su amplia y armoniosa ciencia, mereció el título de Doctor apostolicus, “Doctor apostólico”, de parte del Beato Papa Juan XXIII en 1959, con ocasión del cuarto centenario de su nacimiento. Tal reconocimiento fue concedido a Lorenzo de Brindisi, también, porque fue autor de numerosas obras de exégesis bíblica, de teología y de escritos destinados a la predicación. En estos ofrece una exposición sistemática de la historia de la salvación, centrada en el misterio de la Encarnación, la más grande manifestación del amor divino por los hombres. Además, siendo un mariólogo de gran valor, autor de un compendio de sermones sobre Nuestra Señora llamado “Mariale”, pone en evidencia el papel único de la Virgen María, de la que afirma con claridad la Inmaculada Concepción y la cooperación en la obra de redención cumplida en Cristo.

Con fina sensibilidad teológica, Lorenzo de Brindisi también puso de relieve la acción del Espíritu Santo en la existencia del creyente, Nos recuerda que con sus dones, la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, ilumina y ayuda en nuestro compromiso de vivir con alegría el mensaje del Evangelio. “El Espíritu Santo -escribe San Lorenzo- vuelve dulce el yugo de la ley divina y ligero su peso, de manera que sigamos los mandamientos de Dios con gran facilidad, incluso con complacencia”.

Quisiera completar esta breve presentación de la vida y de la doctrina de San Lorenzo de Brindisi, destacando que toda su actividad fue inspirada por un gran amor a las Sagradas Escrituras, que sabía ampliamente de memoria, y por la convicción de que la escucha y la acogida de la Palabra de Dios produce una transformación interior que nos conduce a la santidad. “La Palabra del Señor -afirmó- es luz del intelecto y fuego para la voluntad, para que el hombre pueda conocer y amar a Dios. Para el hombre interior, que por medio de la gracia vive del Espíritu Santo, es pan y agua, pero pan dulce como la miel y agua mejor que el vino y la leche... Es un martillo contra un corazón duramente obstinado en los vicios. Es una espada contra la carne, el mundo y el demonio, para destruir todo pecado”. San Lorenzo de Brindisi nos enseña a amar las Sagradas Escrituras, a crecer en la familiaridad con ella, a cultivar cotidianamente la relación de amistad con el Señor en la oración, para que todas nuestras acciones, toda nuestra actividad tenga en Él su comienzo y su cumplimento. Esta es la fuente a la que acudir para que nuestro testimonio cristiano sea luminoso y sea capaz de conducir a los hombres de nuestro tiempo hasta Dios.





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 Asunto: Re: EL PAN DIARIO AÑO 2012
NotaPublicado: Sab Mar 24, 2012 2:46 pm 
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